martes, 1 de diciembre de 2020

01 de diciembre BEATO EDMUNDO CAMPION, MÁRTIR PATRONO DE RUSIA Y DE ESCOCIA

 


(1851 p.C.) - El padre del beato, que se llamaba también Edmundo Campion, tenía una tienda de libros en Londres. Tanto él como su esposa fueron católicos hasta la época de la reina Isabel. Edmundo nació hacia 1540. Era un muchacho extraordinariamente inteligente. A los quince años, se le otorgó una beca en el Colegio de San Juan de Oxford, que Sir Thomas White acababa de fundar. Dos años más tarde, Edmundo ingresó en la sociedad de alumnos jóvenes. Pronto se ganó la fama de brillante orador y fue escogido para hablar en el entierro de Lady Amy Dudley (Robsart), en los funerales de Sir Thomas White y ante la reina Isabel, cuando ésta visitó la Universidad en 1566. Trece años antes, cuando estaba en la escuela gratuita de Londres, había sido elegido para pronunciar el discurso de bienvenida al predecesor de Isabel. El talento y la personalidad del joven le ganaron la buena voluntad y el patrocinio de la reina, de Cecil y de Leicester. A este último dedicó Edmundo su "Historia de Irlanda". Cecil le llamó más tarde "uno de los diamantes de Inglaterra". Edmundo prestó juramento de fidelidad. Aunque la lectura de los Santos Padres quebrantó su fe en el protestantismo, se dejó convencer por el Dr. Cheney, obispo de Gloucester, y recibió el diaconado de la Iglesia anglicana. El Dr. Gregorio Martin, de quien era muy buen amigo, le escribió desde Roma previniéndole contra la ambición. En efecto, Edmundo era extraordinariamente popular en Oxford y tenía un grupo de discípulos personales, más o menos como el grupo que Newman habría de tener 250 años más tarde. Pero el hecho de haber recibido las órdenes en una Iglesia sobre la que tenía muchas dudas, empezó a inquietar su mente y su conciencia. En 1569, terminó su período de prefecto de jóvenes en la Universidad. Por otra parte, como la sociedad que le había sostenido durante sus estudios se mostraba reticente a causa de sus tendencias papistas, Edmundo partió a Berlín, donde se estaba tratando de resucitar la Universidad. Hallándose ahí, escribió una breve historia del país.

   Al salir de Oxford, Campion "estaba lleno de remordimientos de conciencia y angustia de espíritu por haber aceptado las órdenes anglicanas y no hizo ningún esfuerzo por ocultarlo. Por ello, después de la publicación de la bula de San Pío V contra Isabel, su actitud provocó peligrosas sospechas. En 1571, Campion volvió a Inglaterra disfrazado, asistió al juicio del Beato Juan Storey en Westminster Hall y en seguida se trasladó a Douai. En el camino fue arrestado por no llevar pasaporte, pero consiguió cohechar a los guardias dándoles dinero y dejándoles su equipaje. Una de las primeras cosas que hizo en Douai fue escribir una "carta muy valiente" al Dr. Cheney, quien se sentía inclinado al catolicismo. Campion se licenció en teología y recibió el sub-diaconado en Douai. En 1573, se trasladó a Roma e ingresó en la Compañía de Jesús. Como no existía aún la provincia inglesa, fue enviado a la de Bohemia. Hizo su noviciado en Brno y fue a enseñar en el colegio de Bohemia.

   En vista del éxito con que los jesuitas trabajaban entre los protestantes en Alemania, Bohemia y Polonia, el Dr. Allen persuadió a Gregorio XIII que enviase a algunos a Inglaterra. A fines de 1579, los PP. Edmundo Campion y Roberto Persons fueron elegidos para inaugurar la nueva misión. La víspera de la salida del P. Campion de Praga, uno de los padres, movido por un impulso irresistible, escribió sobre la puerta del cuarto del beato lo siguiente: "P. Edmundo Campion, Mártir". El P. Campion partió de Roma en la primavera de 1580. El Beato Rodolfo Sherwin describió muy vivamente en una carta a  Adolfo Bickley las peripecias del viaje. Cuando llegaron a Ginebra, que era uno de los bastiones del protestantismo, Campion se hizo pasar por un criado irlandés llamado Patrick. Según parece, todos los miembros del grupo se portaron con esa alegría un tanto desbocada que mueve a las gentes serias a imaginar que todos los ingleses están locos. Poco antes de salir de Ginebra, después de haber discutido con Beza, Campion se enfrentó con un ministro protestante y puso al "pobre diablo" en ridículo delante de todos sus correligionarios. Persons partió de Saint-Omer a Inglaterra disfrazado de soldado, como si volviese de los Países Bajos. Campion se hizo pasar por mercader de joyas. Su criado era el hermano coadjutor Rodolfo Emerson.

   No todos los católicos recibieron bien a los jesuitas, pues muchos temían que la llegada de los primeros miembros de la "terrible" Compañía de Jesús atrajese sobre ellos nuevos peligros. Los dos jesuitas tuvieron que jurar que "su misión era puramente apostólica, que habían ido simplemente a ocuparse de la religión y a luchar por las almas y que no tenían ni conocimiento ni pretensiones en materias de política." El gobierno se enteró pronto de su llegada, de suerte que los dos jesuitas tuvieron que salir de Londres. Campion trabajó en Berkshire, Oxfordshire y Northamptonshire, donde convirtió a algunos personajes de importancia. En una carta al P. General, decía: "Todos los días recorro una parte de la región. La cosecha es maravillosamente abundante... No podré escapar por mucho tiempo de las manos de los perseguidores... Encuentro mis disfraces perfectamente ridículos; con frecuencia cambio de disfraz y de nombre. Algunas veces he leído cartas en las que se anuncia que Campion ha sido arrestado. Esa noticia provoca tal alboroto en los sitios a los que voy, que no oigo hablar de otra cosa. Este clima de temor en el que vivo ha acabado por curarme del miedo." El P. Campion se entrevistó con el P. Persons en Londres, donde la persecución era especialmente tenaz. En seguida se dirigió a Lancashire, donde predicó casi diariamente con gran éxito Los espías le seguían muy de cerca y, en varias ocasiones, estuvo a punto caer en sus manos. Cincuenta años más tarde, aquellos que habían oído sus sermones los recordaban todavía. Por entonces escribió Campion una obra en latín a la que dio por título "Las Diez Razones", porque en ella exponía los argumentos por los que estaba dispuesto a demostrar a los protestantes más eruditos la falsedad de su doctrina. Naturalmente, era muy difícil dar esa obra a la imprenta; sin embargo, a fin de cuentas se imprimió en secreto en la casa de Doña Cecilia Stonor, en Stonor Park, Berkshire. El 27 de junio de 1581, aparecieron sobre las bancas de la iglesia de la Universidad de Oxford ejemplares de dicha obra. Eso, como era de esperarse, provocó un escándalo mayúsculo y los perseguidores redoblaron sus esfuerzos por capturar al autor. Lo consiguieron tres semanas más tarde. 

   Después de la publicación de "Las Diez Razones", el P. Campion juzgó prudente retirarse a Norfolk. En el camino se detuvo en Lyford, en casa de la señora Yate. El domingo 16 de julio acudieron unas cuarenta personas a oírle predicar durante la misa; una de ellas era espía. En el curso de las doce horas siguientes, la casa fue registrada tres veces. Los perseguidores descubrieron finalmente al P. Campion y a otros dos sacerdotes, ocultos dentro de un nicho que había sobre la gran puerta de entrada. Inmediatamente, fueron conducidos a la Torre de Londres. Los guardias los maniataron a partir de Colnbrook, y colocaron a la espalda del beato un letrero que decía: "Campion el jesuita sedicioso." Después de tres días de tortura, el mártir fue interrogado por los condes de Bedford y Leicester (según algunos, también por la reina), quienes trataron de sobornarlo para que apostatase. Como fallasen ése y otros intentos del mismo género, se le torturó en el potro. Poco después, fueron arrestadas varias personas en cuya casa había estado el P. Campion; aunque el gobierno había averiguado los nombres de aquellos cómplices por otro conducto, difundió la falsa noticia de que el mártir los había denunciado. Antes de que pudiese reponerse de la tortura, se obligó al P. Campion a comparecer cuatro veces ante diversos prelados protestantes; el mártir respondió con agilidad y mucho tino a sus preguntas, objeciones e insultos. Después, fue nuevamente torturado en el potro con tal violencia que, al día siguiente, cuando le preguntaron cómo se sentía, respondió: "No puedo sentirme mal, puesto que ni siquiera siento". Como los perseguidores no encontrasen ningún motivo válido para condenarle, le acusaron falsamente, junto con Rodolfo Sherwin, Tomás Cottam, Lucas Kirby y otros, de haber proyectado en Roma y en Reims una revolución en Inglaterra y de haber vuelto al país para provocarla. El juicio tuvo lugar en Westminster Hall, el 14 de noviembre. Cuando los jueces le ordenaron que jurase decir la verdad, el beato estaba tan débil, que ni siquiera podía mover los brazos; entonces, uno de sus compañeros le besó la mano y le ayudó a levantarla. Campion dirigió su defensa y la de sus compañeros con suma habilidad: protestó de su lealtad a la reina, demolió las acusaciones, demostró la mala fe de los testigos y probó claramente que el verdadero motivo por el que se los juzgaba era la religión. El jurado los declaró culpables, pero no sin haber deliberado antes durante una hora. Después de oír la sentencia de muerte, el beato dirigió la palabra a los jueces: " ...Al condenarnos, habéis condenado a todos vuestros antepasados y, para nosotros, el haber sido condenados junto con todos los hombres ilustres -no sólo de Inglaterra, sino del mundo entero- que lo fueron por vosotros, descastados descendientes de aquellos antepasados, es motivo de gozo y de gloria. Dios vive. La posteridad hablará. El juicio de ambos no estará sujeto a la venta como el de los que acaban de condenarnos a muerte".

   La hermana de Campion fue a verle con un mensaje de Hopton, en el que se le ofrecía un pingüe beneficio a cambio de la apostasía. También fue a visitarle Eliot, el traidor que le había delatado y dado testimonio contra él, quien temía ahora por su vida. El beato le perdonó generosamente y le dio una carta de recomendación para un noble de Alemania, donde podría vivir en paz. El 1º de diciembre fue un día lluvioso y triste. Campion, Sherwin y Briant fueron conducidos juntos a Tyburn, donde se los ejecutó con el lujo de barbarie acostumbrado. En el cadalso, el P. Campion se negó por última vez a dar su opinión sobre la bula del Papa contra Isabel y oró públicamente por "vuestra reina y mi reina, a la que deseo un largo y próspero reinado". Unas gotas de la sangre de ese hombre "admirable, sutil, preciso y amable" cayeron sobre un joven de la nobleza, llamado Enrique Walpole, que se hallaba presente. Walpole ingresó en la Compañía de Jesús, murió mártir y está beatificado.

   No sólo la compañía de Jesús, sino también la diócesis de Northampton, Portsmouth, Brno y Praga, celebran la fiesta del Beato Edmundo Campion.

   Estamos perfectamente informados sobre la misión de los PP. Campion y Persons, pero las fuentes son demasiado numerosas para que podamos enumerarlas aquí. Se encon trará una documentación muy suficiente en los artículos que Richard Simpson publicó The Rambler (1856-1858), así como en la biografía que escribió el mismo autor en 1867. Para completarla, véanse las páginas que Camm consagra a Campion en LEM., vol. 11, pp. 266-357. Merecen, además, especial mención, la Vita et martyrium Edmundi Campialli de P. Piombino (Amberes, 1618); el relato del viaje a Inglaterra escrito por el P. PersoM, en Publications de la Catholic Record Society (1906), pp. 186-201; Cardenal Allen, Martyrdom of Father Campion... (ed. Pollen, 1908); J. H. Pollen, quien publicó numero sos artículos en The Month (sobre todo sept. 1897, enero y dic. 1905, y enero 1910). Evelyn Waugh publicó en 1935 una bella biografía del Beato Edmundo, libre de los "prejuicios trasalpinos" que ensombrecen la biografía de Ricardo Simpson. En las pp. 224.225 de la obra de Waugh, hay una buena bibliografía sobre el tema; añádase a ella la obra de A. C. Southern, Elizabethan Recusant Prose (1950), c. III. Acerca de las reliquias de Campion cf. Beda Camm, Forgotten Shrines (1911), pp- 377-378.

1 de diciembre SAN ELOY, OBISPO Y CONFESOR

 




El nombre de Eligio (Eloy), así como el de su padre, Equerio, y el de su madre, Terrigia, prueban que era de origen galo-romano. Nació en Chaptelat, cerca de Limoges, alrededor del año 588. Su padre, un artesano, comprobó que Eligio tenía grandes aptitudes para el grabado en metal y le colocó como aprendiz en el taller de Abón, el encargado de acuñar la moneda en Limoges. Una vez que hubo aprendido el oficio, Eligio atravesó el Loira y se dirigió a París, donde conoció a Bobbo, el tesorero de Clotario II. El monarca encomendó a Eligio la fabricación de un trono adornado de oro y piedras preciosas. Con el material que le dieron, Eligio construyó dos tronos como el que se le había pedido. Clotario quedó admirado de la habilidad, la honradez, la inteligencia y otras cualidades del joven, por lo que inmediatamente le tomó a su servicio y le nombró jefe de la casa de moneda. El nombre de Eligio se ve todavía en algunas monedas acuñadas en París y Marsella durante los reinados de Dagoberto I y Clodoveo II. El biógrafo de Eligio dice que él labró los relicarios de san Martín (Tours), san Dionisio (Saint-Denis), san Quintín, santos Crispino y Crispiniano (Soissons), san Luciano, san Germán de París, santa Genoveva y otros. La habilidad y la posición del santo, así como su amistad con el rey, hicieron de él un personaje importante. Eligio no dejó que la corrupción de la corte manchase su alma y acabase con su virtud, pero supo adaptarse perfectamente a su estado. Por ejemplo, se vestía magníficamente, de suerte que en ciertas ocasiones sus trajes eran de pura seda (material muy raro entonces en Francia) y estaban bordados con hilo de oro y adornados con piedras preciosas. Cuando un forastero preguntaba dónde vivía Eligio, las gentes respondían: «Id a tal calle; su casa es la que está rodeada por una muchedumbre de pobres».

Es curioso el incidente que se produjo cuando Clotario pidió a Eligio que prestase el juramento de fidelidad. El santo, ya fuese por escrúpulo de jurar sin necesidad suficiente, ya fuese por temor de lo que el monarca podría mandarle que hiciese o aprobase, se excusó de prestar el juramento con una obstinación que molestó al rey durante algún tiempo, hasta que al fin, Clotario comprendió que la razón de la repugnancia de Eligio procedía realmente de su rectitud de conciencia y quedó convencido de que esa misma rectitud suplía con creces los juramentos de los otros ministros. San Eligio rescató a muchos esclavos. Algunos de ellos permanecieron a su servicio y le fueron fieles durante toda su vida. Entre ellos se contaba un sajón llamado Tilo, a quien se venera como santo, y que fue el primero de los discípulos que siguieron al santo del taller cortesano a su diócesis. En la corte Eligio se hizo amigo de Sulpicio, Bertario, Desiderio, Rústico (hermano del anterior) y, sobre todo, de Audoeno. Todos ellos llegaron, con el tiempo, a ser obispos y venerados como santos. Audoeno debe haber sido todavía muy joven cuando le conoció san Eligio; a él se atribuyó durante largo tiempo la Vita Eligii, que los historiadores consideran en la actualidad como obra de un monje que vivió más tarde en Noyon. En esa biografía se describe a san Eligio en la corte, diciendo que era «alto, de facciones juveniles, de barba y cabello ensortijados sin artificio alguno; sus manos eran finas y de dedos largos, en su rostro se reflejaba una bondad angelical y su expresión era grave y natural».

Dagoberto I heredó la estima y la confianza que su padre profesaba al santo, sin embargo, como tantos otros monarcas, Dagoberto prefería que su consejero le guiase en los asuntos públicos y políticos más que en las cuestiones íntimas de su conducta moral. El rey regaló a san Eligio las tierras de Solignac del Limousin para que fundase un monasterio. Los monjes, que se establecieron allí el año 632, observaban una regla que combinaba las de san Columbano y san Benito. Bajo la dirección experta del fundador, tres de los monjes se distinguieron en diferentes artes. Dagoberto regaló también a Eligio una casa en París para que fundase un convento de religiosas, que el santo puso bajo la dirección de santa Aurea. Eligio pidió al rey unos terrenos para completar los edificios, y el monarca se los cedió. El santo sobrepasó ligeramente la superficie que el rey le había otorgado y, en cuanto cayó en la cuenta, fue a pedirle perdón. Dagoberto, sorprendido de tal honradez, dijo a los cortesanos: «Algunos de mis súbditos no tienen el menor escrúpulo en robarme posesiones enteras, en tanto que Eligio se angustia por haber tomado unas pulgadas de tierra que no le pertenecen». Naturalmente, un hombre tan honrado podía ser un embajador maravilloso, por lo que, al parecer, Dagoberto le envió a negociar con el príncipe de los turbulentos bretones, Judecael.

San Eligio fue elegido obispo de Noyon y Tournai. Por la misma época, su amigo san Audoeno fue elegido obispo de Rouen. Ambos recibieron la consagración episcopal el año 641. San Eligio se distinguió en el servicio de la Iglesia tanto como se había distinguido en el del rey. En efecto, su solicitud paternal, su celo y su vigilancia fueron admirables. Desde luego, se preocupó por la conversión de los infieles, pues la mayoría de los habitantes de la región de Tournai no se habían convertido aún al cristianismo. Una gran porción de Flandes debe la conversión a san Eligio. El santo predicó en los territorios de Amberes, Gante y Courtrai. Por más que los habitantes, salvajes como fieras, se burlaban de él por ser «romano», el santo no se dio por vencido, sino que asistió a los enfermos, protegió a todos contra la opresión y empleó cuantos medios le dictó su caridad para vencer su obstinación. Poco a poco, los bárbaros se ablandaron y algunos se convirtieron. San Eligio bautizaba cada día de Pascua a cuantos había llevado a la luz del Evangelio durante el año. Su biógrafo nos dice que predicaba al pueblo todos los domingos y días de fiesta, y que le instruía con celo infatigable. En la biografía del santo hay un extracto de varios de sus sermones combinados en uno solo, con lo que basta para comprobar que Eligio tomaba pasajes enteros de los sermones de san Cesáreo de Arles. Tal vez sería más correcto decir que fue su biógrafo el que tomó esos pasajes de san Cesáreo, pero lo cierto es que en las dieciséis homilías que se atribuyen a san Eligio, se observa la misma influencia de san Cesáreo. Una de esas homilías es probablemente auténtica. Se trata de un sermón muy interesante, en el que el santo predica contra las supersticiones y las prácticas paganas entre las que menciona las fiestas del 1 de enero y del 24 de junio, y la costumbre de no trabajar los jueves («dies Jovis») por respeto a Júpiter. También prohíbe los maleficios (así los bíblicos como los de otras especies), la adivinación de la suerte, el análisis de los presagios y otras supersticiones que existen todavía en muchos países. En seguida, invita a la oración, a la comunión del cuerpo y la sangre de Cristo, a la unción de los enfermos, a la señal de la cruz y a la recitación del Credo y de la oración del Señor.

En Noyon san Eligio fundó un convento de religiosas. Para gobernarlo, hizo venir de París a su protegida, santa Godeberta, y a uno de los monjes del monasterio que se hallaba situado fuera de la ciudad, en el camino a Soissons. El santo promovió mucho la devoción a los santos del lugar; durante su episcopado, fueron esculpidos por él mismo o bajo su dirección, algunos de los relicarios mencionados arriba. San Eligio desempeñó un papel muy importante en la vida eclesiástica de su tiempo. Poco antes de su muerte, durante un corto período, fue consejero de la reina regente, Batilde, quien apreciaba mucho su criterio. El biógrafo del santo da algunos ejemplos que muestran la alta estima que le profesaba la reina, ya que ambos tenían en común no sólo la manera de ver los problemas políticos, sino también una gran solicitud por los esclavos (Batilde, cuando niña, fue vendida como esclava). El efecto de aquellos sentimientos se reflejó en los resultados del Concilio de Chalon (c. 647), que prohibió la venta de esclavos fuera del reino, e impuso la obligación de dejarlos descansar los domingos y días de fiesta. El único escrito ciertamente auténtico de san Eligio es una encantadora carta que envió a su amigo san Desiderio de Cahors: «Cuando tu alma se vuelca en oración ante el Señor, acuérdate de mí, Desiderio, que me eres tan querido como otro yo ... Te saludo de todo corazón y con el más sincero afecto. También te saluda nuestro fiel compañero Dado.» Este era san Audoeno. Cuando llevaba diecinueve años de gobernar su diócesis, san Eligio tuvo una revelación sobre la proximidad de su muerte y la predijo a su clero. Poco después, contrajo una fiebre. A los seis días convocó a todos los miembros de su casa para despedirse de ellos. Como todos se echasen a llorar, el santo no pudo contener las lágrimas. En seguida, los encomendó a Dios y murió unas cuantas horas más tarde. Era el l de diciembre del año 660. Al enterarse de que el santo estaba enfermo, la reina Batilde partió apresuradamente de París, pero llegó a la mañana siguiente de la muerte de Eligio. La reina organizó los preparativos para trasladar los restos al monasterio que había fundado en Chelles, aunque otros querían que fuesen trasladados a París. El pueblo de Noyon se opuso a todos los proyectos y Eligio fue sepultado en la ciudad. Sus reliquias fueron más tarde trasladadas a la catedral, donde se conservan todavía, en gran parte. Durante mucho tiempo, san Eligio fue uno de los santos más populares de Francia. En la Edad Media, se celebraba su fiesta en toda la Europa del norte. San Eligio es el patrono de los orfebres y los herreros. También se le invoca en lo relacionado con los caballos, por razón de ciertas tradiciones. El santo practicó su oficio toda su vida y todavía se conservan algunas de las obras que se le atribuyen.

Tal vez la vida de san Eligio es, entre las de los santos merovingios, la que más revela sobre la vida cristiana en esa época, por lo que no es extraño que se haya escrito mucho sobre el santo. La obra básica es la «Vita S. Eligii», un documento excepcionalmente largo, que, según dijimos arriba, se atribuye a san Audoeno. El mejor texto es el que editó B. Krusch en Monumenta Germaniae Historica, Scriptores Merov, vol. IV, pp. 635-742; puede verse también en Migne, PL., vol. LXXXVII, cc. 477-658. Es cosa cierta que san Audoeno escribió sobre su amigo, pero la biografía que se conserva fue escrita en Noyon más de medio siglo después. Aunque probablemente dicha obra contiene la mayor parte de la de san Audoeno, la refunde y la completa en muchos aspectos. Hay varios artículos más de E. Vacandard sobre san Eligio, entre los que mencionaremos particularmente los de la Revue des questions historiques (1898-1899), donde discute muy a fondo la cuestión de la autenticidad de las homilías que se atribuyen al santo. Véase también Van der Essen, Etude critique sur les saints mérovingiens (1904), pp. 324-336.

BEATO RODOLFO SHERWIN, MÁRTIR

 





   

(1581 P.C.) - Sir William Petre, secretario de Estado de Enrique VIII y de los tres monarcas siguientes e iniciador de los títulos de nobleza de su familia, fundó seis becas en Exeter College de Oxford. El mismo concedió una de ellas, en 1568, a Rodolfo Sherwin, joven gentilhombre de Rodsley, en el Derbyshire. Rodolfo obtuvo el grado de maestro en artes en 1574. Antonio à Wood dice que "se le consideraba como un agudo filósofo y un excelente helenista y latinista". Al año siguiente, Rodolfo se reconcilió con la Iglesia e ingresó en el Colegio de Douai, donde recibió la ordenación sacerdotal en 1577. Algunos meses después, se trasladó al Colegio Inglés de Roma, donde tomó parte muy prominente en las deplorables disensiones entre los estudiantes ingleses y galeses. Él fue uno de los cuatro que pidieron a Gregorio XIII que confiase a los jesuitas la dirección del colegio, como sucedió poco después. El nombre de Rodolfo figura en primer lugar en la lista de los que declararon, después de que los jesuitas tomaron la dirección, que estaban dispuestos a ir en cualquier momento a la misión de Inglaterra. En 1580, partió a su patria en el grupo en encabezado por Mons. Goldwell. En Milán pasaron una semana en casa de San Carlos Borromeo, y el P. Sherwin predicó ante él. Desde París escribió a Roma a su amigo Rodolfo Bickley, contándole las aventuras que habían tenido en Ginebra. Terminaba la carta diciendo que se veía obligado a interrumpirla porque el P. Paschal "quiere ya ponerse a trabajar en la tarea de afrancesarme". (Es decir que tenía que vestir un traje de laico para disfrazarse, cosa que le disgustaba sobremanera). Las últimas palabras de esa carta son las siguientes: "Mi querido Rodolfo, te suplico que, con todo tu fervor, reces una vez el rosario por mí y procura que muchos de mis amigos hagan otro tanto a fin de que, con humildad y constancia, persevere yo hasta el fin y honre al Señor en la vocación a la que me ha llamado a pesar de mi indignidad."

   Los misioneros se separaron en Reims. El 1º de agosto, Rodolfo Sherwin se embarcó rumbo a Inglaterra. En noviembre, fue arrestado, cuando predicaba en Londres, en la casa de Nicolás Roscarrock y fue enviado a la prisión Marshalsea. Hablando de su breve apostolado, el P. Persons escribió que había predicado en diversas ciudades y que en ese ministerio "tenía autoridad y gracia especial." Desde la prisión el beato se las arregló para hacer llegar al P. Persons un recado humorístico, en el que hablaba de las "campanas" (cadenas) que llevaba en los tobillos. Un mes más tarde, fue trasladado a la Torre de Londres. El 15 de diciembre, se le torturó brutalmente en el potro para que delatase a otros misioneros y dijese lo que sabía sobre una hipotética invasión  a Irlanda. Los verdugos le dejaron tirado sobre la nieve y, al día siguiente volvieron a torturarle. El beato contó a su hermano que, después de la tortura, había pasado cinco días en el calabozo sin comer ni hablar con nadie. "Fue como un sueño ante el Salvador crucificado. Al cabo de ese espacio de tiempo recuperé el sentido, pero no experimenté dolor alguno en las coyunturas, por más que el tormento había sido extremadamente violento." Los perseguidores ofrecieron al P. Rodolfo el gobierno de una sede, si apostataba. Después de más de un año de prisión, fue juzgado con Edmundo Campion y otros más, acusado de haber ido a Inglaterra a provocar una rebelión. El beato hizo notar a sus jueces: "La razón por la que se nos juzga es la religión, no la traición."

   En tanto que llegaba el día de la ejecución, Rodolfo escribió a varios amigos y a un tío suyo, que se hallaba en Rouen y había ejercido anteriormente el ministerio sacerdotal en Ingatestone. En esta última carta decía: "La inocencia es mi único consuelo en medio de todas las acusaciones que se nos hacen a mis hermanos en el sacerdocio y a mí... Quiera Dios perdonar tanta injusticia, convertir a nuestros perseguidores y hacer de ellos maestros de la fe... Así pues, mi buen Juan, ¡Adiós!" El 1º de diciembre de 1581, fue llevado a Tyburn en la misma carreta en que iba Alejandro Briant. Fue ejecutado después de Edmundo Campion. En el cadalso protestó que era inocente de toda traición, profesó la fe católica y oró por la reina. La multitud oraba en voz alta cuando fue ejecutado. Tenía entonces treinta y un años de edad.

   Rodolfo Sherwin fue uno de los mártires beatificados en 1886. Su fiesta se celebra en la diócesis de Nottingham. Fue el protomártir del Colegio Inglés de Roma.

01 de diciembre BEATOS RICARDO WHITING, ABAD DE GLASTONBURY Y COMPAÑEROS, MÁRTIRES

 







   

   81539 p.c.) - Glastonbury, por el prestigio que tiene en la leyenda y en la historia, ocupa un sitio único entre los muchos grandes monasterios antiguos de Inglaterra. Aunque no se puede admitir que haya sido fundado por José de Arimatea (ni otros datos por el estilo), el simple hecho de que exista esa tradición prueba cuánto veneraban los ingleses ese monasterio en la antigüedad. Por eso, es un hermoso símbolo el que el último abad de Glastonbury haya muerto por la fe a manos de las autoridades civiles, precisamente en el momento en que tantos monjes, sacerdotes y laicos no estuvieron a la altura de su catolicismo. Ricardo Whiting nació en Wrington de Somerset, probablemente poco después de 1460. Se educó en la Universidad de Cambridge, donde obtuvo el grado de maestro en artes en 1483. En 1505, volvió a la Universidad a doctorarse en teología. Probablemente para entonces ya era monje. Recibió la ordenación sacerdotal en Wells, en 1501 y, durante algunos años, ejerció en el monasterio el cargo de camarlengo. En 1525, a la muerte del abad Bere, la comunidad pidió al cardenal Wolsey que nombrase un substituto. El cardenal eligió a Ricardo Whiting: "monje devoto e intachable, hombre discreto y prudente y sacerdote de gran saber y virtud." Uno de los que firmaron el nombramiento fue Santo Tomás Moro.

   El beato gobernó en paz durante diez años. En 1534, se exigió a los monjes que firmasen el acta de supremacía, en la que se afirmaba que el rey era el jefe de la Iglesia en Inglaterra. A excepción de MoroFisher, los cartujos y los franciscanos observantes, muy pocos se habían opuesto hasta entonces al juramento. Así pues, el P. Ricardo y sus monjes lo firmaron tranquilamente. Al año siguiente, los agentes reales visitaron el monasterio de Glastonbury. En su informe declararon (no sin lamentarlo) que en el monasterio reinaba tal orden que no se podía acusar de nada a los monjes. A éstos dijeron que no se estaba tramando nada contra ellos. Al año siguiente, fueron suprimidos los monasterios menores. En 1539, fueron suprimidos también los monasterios mayores, excepto el de Glastonbury, en Somerset. En septiembre de ese año, se presentaron nuevamente los agentes del rey. Confiscaron en el monasterio varios documentos comprometedores (un libro contra el divorcio del rey, varias bulas pontificias y una vida de Santo Tomás Becket), e interrogaron al abad. Ricardo se negó a renunciar a su cargo y manifestó "su traidora e infame opinión sobre Su Majestad y sus herederos". Por ello fue encarcelado en la Torre de Londres. El agente Layton envió a Cromwell un "libro de pruebas" de "diversas y numerosas traiciones" cometidas por el abad, pero el documento no se conserva, e ignoramos su contenido. Lo cierto es que, después de leerlo, Cromwell apuntó en sus "Recuerdos": "Además, hacer que el abad de Glaston sea juzgado y ejecutado en Glaston" (como se ve, el poder ejecutivo se adelantaba al judicial). El desarrollo de los acontecimientos es bastante incierto. No sabemos si Ricardo Whiting fue juzgado en Londres, en Wells, o en ambos sitios. Lo cierto es que fue condenado a muerte. El documento de la sentencia no se publicó ni se guardó en los archivos. Generalmente se supone que el abad fue condenado por delito de alta traición (en ese caso, tenía derecho a ser juzgado por sus iguales, es decir por los pares del reino). Los documentos que se conservan indican que el crimen de que se le acusó fue haber negado la supremacía del rey.

   El Beato Ricardo llegó escoltado a Wells, el viernes 14 de noviembre de 1539. Al día siguiente, se le trasladó apresuradamente a Glastonhury. Ahí se le negó el permiso de ir a despedirse de su comunidad. (Según parece, el mártir ignoraba que la comunidad había sido dispersada y que el monasterio estaba vacío). Los guardias le trasportaron en una carreta a la cima de Tor, colina de unos 180 metros de altura, desde la que se domina la ciudad. Ahí, junto a la torre de la capilla de San Miguel, el anciano, que estaba "muy débil y enfermo", sufrió los horrores de la horca y el desentrañamiento. Antes del anochecer, se colocó su cabeza sobre la puerta del monasterio. El cuerpo, dividido en cuatro partes, fue enviado a Wells, Bridgewater, Ilchester y Rath. Después del abad, dos de los monjes sufrieron idéntico martirio. Fueron éstos el BEATO JUAN THORNE, tesorero de la iglesia de la abadía, y el BEATO ROCELlO JAMES, sacristán. Su "delito", al que se calificó de "sacrilegio", consistió en esconder algunos tesoros de la iglesia para salvarlos de las manos del rey. Es probable que el Beato Ricardo haya sido acusado de lo mismo. El pueblo de Somerset veneró durante mucho tiempo la memoria del santo abad; todavía hoy se le recuerda en Glastonbury y sus alrededores. El P. Guillermo Good, S. J., contemporáneo de los hechos, recapituló las pruebas del martirio. Probablemente gracias a esa obra, Gregorio XVI permitió que el retrato del mártir se incluyese en los frescos de la capilla del "Venerabile" de Roma. Ricardo Whiting fue beatificado junto con los demás en 1895.

   En la diócesis de Clifton se celebra la fiesta de estos tres mártires el día en que murieron. En cambio, los benedictinos ingleses y la arquidiócesis de Westminster la celebran el 1º de diciembre, junto con la de otros dos abades mártires: Hugo Faringdon y Juan Beche.

Los principales materiales en que nos basamos para este artículo y el siguiente, se encuentran en el calendario de Letters and Papers, Foreign and Domesüc, of the reign of Henry VIII, editado por J. S. Brewer, James Gairdner y R. H. Broodie (Record Office). F. A. Gasquet narra con cierto detalle la vida de Ricardo Whiting en The Last Abbot of Glastonbury (1895); véase también el juicio que escribió sobre esta obra el canónigo Dixon en English Historical Review, vol. XII (1897), pp. 781-785. El relato más exacto del martirio es el de Beda en Camm LEM., vol. I (1904), pp. 372-412.

01 de diciembre BEATOS HUGO FARINGDON, ABAD DE READING Y COMPAÑEROS, MÁRTIRES

 


(1539 P.C.) - Suele atribuirse al Beato Hugo el apellido de Faringdon porque nació ahí. Su verdadero apellido era Cook. Las armas de su familia (reales o ficticias) eran las de Cook de Kent. El beato ingresó en el monasterio de Reading, donde ejercía el cargo de subcamarlengo cuando fue elegido abad en 1520. La abadía era importante puesto que incluía una curul en la Cámara de los Lores, y quien la ocupaba era magistrado condal. El abad Hugo tomó parte activa en la ejecución de esos deberes civiles, por más que algunos cronistas hostiles afirman que lo hizo "sin ningún discernimiento". En todo caso, Leonardo Cox, maestro de escuela de Reading, no lo consideraba como un iletrado, ya que le dedicó una obra de retórica. El beato mantuvo la disciplina en su monasterio y "no podía soportar" a los predicadores de las nuevas doctrinas, a quienes calificaba de "herejes y hombres sin escrúpulos". Sin embargo, cuando empezó a ejercer el cargo de abad, estaba en muy buenos términos con Enrique VIII, tal vez en demasiado buenos términos. En efecto, el rey fue a visitarle y le llamó "mi propio abad", y éste envió como presente al monarca algunos cuchillos de caza y unas truchas pescadas en el Kennet. La cosa no paró ahí, sino que el abad llegó incluso a firmar una petición a Clemente VII para que anulase el matrimonio de Enrique y dio a éste una lista de libros que podían ayudarle a defender su causa.

En 1536, firmó los artículos de fe de la Convocatoria, que reconocían virtualmente la supremacía regia sobre la Iglesia de Inglaterra. Todavía en 1537, gozaba el abad del favor del rey, puesto que tomó parte muy prominente en los funerales de la reina Juana Seymour en Windsor. Algunas semanas más tarde, ofendió al monarca, al informar a Cromwell y al abad del vecino monasterio de Abingdon, que corría el rumor de que el rey había muerto. Una comisión le juzgó y le puso en libertad. En 1539, fueron suprimidos los grandes monasterios. Todo el mundo sabía que el abad de Reading no estaba dispuesto a entregar el suyo. En efecto, al fin del verano, el P. Hugo fue confinado en la torre de Londres, con el cargo de traición. Con él fueron juzgados el BEATO JUAN EYNON y el BEATO JUAN RUGG. Eynon era un sacerdote de la iglesia de Saint Giles, en Reading que ya desde antes había tenido dificultades con las autoridades por haber copiado y distribuido la proclama escrita por Roberto Aske sobre la "Peregrinación de Gracia" (1536). Rugg era un prebendado de Chichester que vivía retirado en la abadía de Reading. Entre otras cosas, se le acusó de haber conservado una reliquia de la mano de San Anastasio, "sabiendo que Su Majestad ha enviado visitadores a la dicha abadía para que acabasen con tal idolatría." (Camm lanzó la hipótesis de que la mano que se conserva en la iglesia de San Pedro, en Marlow, es la misma. Gf. LEM, vol. I, p. 376, nota.) Suele afirmarse que estos dos sacerdotes eran monjes, pero no está probado. Como sucede en el caso del Beato Ricardo Whiting, no sabemos en qué términos fue formulada la sentencia; sin embargo, debió aludir indudablemente a la negación de la supremacía regia, ya que el Beato Hugo habló claramente sobre la cuestión en el cadalso, diciendo que la supremacía de la Santa Sede en lo espiritual era "creencia común de aquéllos que mayor derecho tienen a declarar la verdadera doctrina de la Iglesia en Inglaterra". La ejecución de los tres mártires se llevó a cabo frente a la puerta de la abadía de Reading, el mismo día en que fueron martirizados los monjes de Glastonbury.

Los tres fueron beatificados en forma equivalente en 1895. La diócesis de Portsmouth celebra su fiesta el 14 de noviembre, en cambio, los benedictinos ingleses y la arquidiócesis de Westminster la celebran el l9 de diciembre.

01 de diciembre BEATO ALEJANDRO BRIANT, MÁRTIR PATRONO DE RUSIA Y DE ESCOCIA

 



(1581 p.c.) - Después de la publicación de las obras de los PP. Campion y Persons, las autoridades inglesas hicieron esfuerzos frenéticos por echarles mano. En el curso de la persecución, arrestaron a varios católicos muy activos, entre los cuales se contaba Alejandro Briant. Era éste un joven sacerdote secular. Había, nacido en Somerset, y se distinguió tanto por su apostura como por su celo. Se había reconciliado con la Iglesia en Hart Hall de Oxford y había ingresado deapués en el seminario de Douai. Al recibir la ordenación sacerdotal, regresó a Inglaterra en 1579. Al principio, ejerció su ministerio en el oeste del país donde reconcilió con la Iglesia al padre del P. Persons. El 28 de abril de 1581, fue arrestado en Londres, pues se hallaba precisamente en la casa contigua a aquélla en que las autoridades buscaron en vano al P. Persons por orden del Consejo Privado de Su Majestad. Los perseguidores, decididos a arrancar al P. Briant algún informe sobre el P. Persons, le tuvieron casi en ayunas durante seis días en la prisión de Counter y, después, le trasladaron a la Torre de Londres. Para que delatase al P. Persons o se comprometiese a sí mismo, los verdugos le encajaron agujas entre las uñas y la carne. Fue el único mártir de esa época a quien consta que se torturó en esa forma. Como ello no diese resultado, le encerraron durante una semana en una celda helada del sótano de la Torre y después le torturaron durante dos días en el potro, hasta el límite de lo posible. El encargado de manejar el potro, un tal Norton, declaró que el P. Briant había sido "torturado más que cualquier otro". El hecho produjo tal escándalo, que las autoridades se vieron obligadas a encarcelar algunos días a Norton para calmar la opinión pública. El P. Briant consiguió escribir desde la Torre una larga carta a los jesuítas de Inglaterra. En ella describe su primer martirio en el potro: al fin de la tortura, "no sentía dolor alguno. Aun puedo decir que, en cierto modo, me sentía consolado y contento por lo que acababa de sufrir. Dios sabe si eso fue un milagro o no pero es cierto y mi conciencia da testimonio de ello delante de Dios." Según Norton, cuyo testimonio citamos por lo que pueda valer, el Beato Alejandro sufrió más de lo ordinario después de la tortura. En la misma carta el beato solicitaba la admisión en la Compañía de Jesús y decía que había hecho voto de ingresar en ella si algún día salía de la prisión. Por ello, se le considera como uno de los mártires jesuítas.

El P. Briant fue juzgado en Westminster Hall, junto con el Beato Tomás Ford y otros, al día siguiente del juicio de Campion, Sherwin y Cottam y por los mismos motivos. El beato se presentó en la sala del tribunal con la tonsura para manifestar que era sacerdote y llevando en la mano una cruz hecha con los trozos de un cuchillo de madera, en la cual se había dibujado con carbón la figura de Cristo. A pesar de lo que había sufrido, conservaba una actitud de "serenidad, inocencia y bondad casi angelicales." Fue ejecutado en Tyburn el l 9 de diciembre de 1581, después de los Beatos Edmundo Campion y Rodolfo Sherwin. En la fecha de hoy, se celebra también el triunfo del BEATO RICARDO LANGLEY, gentilhombre de Ousethorpe y Grimthorpe, que fue ahorcado en York, el 1° de diciembre de 1586, por haber ofrecido hospitalidad a varios sacerdotes.

La arquidiócesis de Birmingham celebra en este día la fiesta de todos aquellos miembros de la Universidad de Oxford —más de cuarenta—, que fueron martirizados por la fe durante las persecuciones de los siglos XVI y XVII y que han sido beatificados.

Muchas de las obras sobre Edmundo Campion aluden también a este compañero suyo de martirio. Véase sobretodo el Comun Lem, vol. II, pag. 397 y 423 vol IV pp. 343-367. Según parece, el P. Briant pertenecía a una familia campesina bastante acomodada; todavía se conserva el testamento de su padre, en el que se menciona al beato.

 


lunes, 30 de noviembre de 2020

30 de noviembre SAN ANDRÉS, APÓSTOL, PATRONO DE RUSIA Y DE ESCOCIA

 30 de noviembre

SAN ANDRÉS, APÓSTOL,
PATRONO DE RUSIA Y DE ESCOCIA



Juan de Valdés Leal, S. Andrés. 1647
Iglesia de S. Francisco, Córdoba, España


(Siglo I) San Andrés nació en Betsaida, población de Galilea situada a orillas del lago de Genezaret. Era hijo del pescador Jonás y hermano de Simón Pedro. La Sagrada Escritura no especifica si era mayor o menor que éste. La familia tenía una casa en Cafarnaúm y en ella se alojaba Jesús cuando predicaba en esa ciudad. Cuando San Juan Bautista empezó a predicar la penitencia, Andrés se hizo discípulo suyo. Precisamente estaba con su maestro, cuando Juan Bautista, después de haber bautizado a Jesús, le vio pasar y exclamó: "¡He ahí al cordero de Dios!" Andrés recibió luz del cielo para comprender esas palabras misteriosas. Inmediatamente, él y otro discípulo del Bautista siguieron a Jesús, el cual los percibió con los ojos del espíritu antes de verlos con los del cuerpo. Volviéndose, pues, hacia ellos, les dijo: "¿Qué buscáis?" Ellos respondieron que querían saber dónde vivía y Jesús les pidió que le acompañasen a su morada. Andrés y sus compañeros pasaron con Jesús las dos horas que quedaban del día. Andrés comprendió claramente que Jesús era el Mesías y, desde aquel instante, resolvió seguirle. Así pues, fue el primer discípulo de Jesús. Por ello los griegos le llaman "Proclete" (el primer llamado). Andrés llevó más tarde a su hermano a conocer a Jesús, quien le tomó al punto por discípulo y le dio el nombre de Pedro. Desde entonces, Andrés y Pedro fueron discípulos de Jesús. Al principio no le seguían constantemente, como habían de hacerlo más tarde, pero iban a escucharle siempre que podían y luego regresaban al lado de su familia a ocuparse de sus negocios. Cuando el Salvador volvió a Galilea, encontró a Pedro y Andrés pescando en el lago y los llamó definitivamente al ministerio apostólico, anunciándoles que haría de ellos pescadores de hombres. Abandonaron inmediatamente sus redes para seguirle y ya no volvieron a separarse de Él. Al año siguiente, nuestro Señor eligió a los doce Apóstoles; el nombre de Andrés figura entre los cuatro primeros en las listas del Evangelio. También se le menciona a propósito de la multiplicación de los panes (Juan, VI, 8-9) y de los gentiles que querían ver a Jesús (Juan, XII, 20-22).

Aparte de unas cuantas palabras de Eusebio, quien dice que San Andrés predicó en Scitia, y de que ciertas actas apócrifas que llevan el nombre del apóstol fueron empleadas por los herejes, todo lo que sabemos sobre e! santo procede de escritos apócrifos. Sin embargo, hay una curiosa mención de San Andrés en el documento conocido con el nombre de "Fragmento de Muratori", que data de principios del siglo III: "El cuarto Evangelio (fue escrito) por Juan, uno de los discípulos. Cuando los otros discípulos y obispos le urgieron (a que escribiese), les dijo: "Ayunad conmigo a partir de hoy durante tres días, y después hablaremos unos con otros sobre la revelación que hayamos tenido, ya sea en pro o en contra. Esa misma noche, fue revelado a Andrés, uno de los Apóstoles, que Juan debía escribir y que todos debían revisar lo que escribiese". Teodoreto cuenta que Andrés estuvo en Grecia; San Gregorio Nacianceno especifica que estuvo en Epiro, y San Jerónimo añade que estuvo también en Acaya. San Filastrio dice que del Ponto pasó a Grecia, y que en su época (siglo IV) los habitantes de Sínope afirmaban que poseían un retrato auténtico del santo y que conservaban el ambón desde el cual había predicado en dicha ciudad. Aunque todos estos autores concuerdan en la afirmación de que San Andrés predicó en Grecia, la cosa no es absolutamente cierta. En la Edad Media era creencia general que San Andrés había estado en Bizancio, donde dejó como obispo a su discípulo Staquis (Romanos XVI, 9). El origen de esa conjetura es un documento falso, escrito en una época en que convenía a Constantinopla atribuirse un origen apostólico para no ser menos que Roma, Alejandría y Antioquía. (El primer obispo de Bizancio del que consta por la historia, fue San Metrófanes, en el siglo IV). El género de muerte de San Andrés y el sitio en que murió son también inciertos. La “pasión” apócrifa dice que fue crucificado en Patras de Acaya. Como no fue clavado a la cruz, sino simplemente atado, pudo predicar al pueblo durante dos días antes de morir. Según parece, la tradición de que murió en una cruz en forma de "X" no circuló antes del siglo IV. En tiempos del emperador Constancio II (361), las presuntas reliquias de San Andrés fueron trasladadas de Patras a la iglesia de los Apóstoles, en Constantinopla. Los cruzados tomaron Constantinopla en 1204, y poco después las reliquias fueron robadas y trasladadas a la catedral de Amalfi, en Italia.

San Andrés es el patrono de Rusia y de Escocia. Según una tradición, el santo fue a misionar hasta Kiev. Nadie afirma que haya ido también a Escocia, pero según cierta tradición, un tal San Régulo, que era originario de Patras y se encargó de trasladar las reliquias del apóstol en el siglo IV, recibió en sueños aviso de un ángel de que debía trasportar una parte de las mismas al sitio que se le indicaría más tarde. De acuerdo con las instrucciones, Régulo se dirigió hacia el noroeste, "hacia el extremo de la tierra". El ángel le mandó detenerse donde se encuentra actualmente Saint Andrews, Régulo construyó ahí una iglesia para las reliquias, fue elegido primer obispo del lugar y evangelizó al pueblo durante treinta años. Probablemente, esta tradición data del siglo VIII. El 9 de mayo se celebra en la diócesis de Saint Andrews la fiesta de la traslación de las reliquias.

El nombre de San Andrés figura en el canon de la misa, junto con los de otros Apóstoles. También figura, con los nombres de la Virgen Santísima y de San Pedro y San Pablo, en la intercalación que sigue al Padrenuestro. Esta mención suele atribuirse a la devoción que el Papa San Gregorio Magno profesaba al santo, aunque tal vez data de fecha anterior.



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