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domingo, 16 de febrero de 2020

NOVENA A LA SANTA FAZ de Nuestro Señor Jesucristo


NOVENA A LA SANTA FAZ 
de Nuestro Señor Jesucristo

          Desde hoy hasta el 24 de Febrero

          Un año más quiero animarte a ser devoto y reparador de la Santa Faz; el Santo Rostro que Nuestro Señor nos dejó como señal de Su Pasión y Muerte. En la Santa Faz encontramos un resumen de las últimas horas de Jesús en este mundo, que abandonó casi solo en el Calvario, con la única compañía de Su Santa Madre, del Discípulo Amado y de algunas piadosas mujeres que resultaron ser más valientes que los propios Apóstoles. Y es que sólo en los momentos de dolor y angustia sabemos bien quiénes son nuestros amigos. Si tú que esto bien has experimentado en tu vida, comprendes cuán importante es compartir el sufrimiento ajeno... ¿a qué esperas para ser una Verónica que limpie el Rostro de Cristo, afeado por tus propios pecados, por los míos... por los de la humanidad entera... ? 

        Para seguir leyendo... 

lunes, 10 de febrero de 2020

10 de Febrero: Noveno día de la Novena a Nuestra Señora de Lourdes



NOVENA A NUESTRA SEÑORA DE LOURDES
(DIA NOVENO DEL 2 AL 10 DE FEBRERO)

La novena tiene el Imprimátur emitido por el Gobierno Eclesiástico de la Archidiócesis de Buenos Aires en 1926.
  
NOVENA A NUESTRA SEÑORA DE LOURDES

En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
ACTO DE CONTRICIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Señor mío Jesucristo, Redentor amoroso de las almas, que te dignaste enviar a la tierra a tu Madre Inmaculada para que fuese la mensajera de tu misericordia, anunciando a los hombres la penitencia, me postro humilde a tus pies, e imploro con profundo arrepentimiento el perdón de mis innumerables culpas. Para comprender el precio de la gracia y el amor que te inspira un alma sin mancha, me basta contemplar la incomparable hermosura de la cual te dignaste revestir a tu Madre purísima. Por lo mucho que el pecado ofende a tu bondad infinita y por lo mucho que deseo amarte, me pesa, pues, de corazón por haberte ofendido y manchado mi alma creada a tu imagen y semejanza. Derrama, Señor, sobre mí tu misericordia; yo, ayudado con tu gracia, haré la penitencia que, en tu nombre, me pide tu Santísima Madre; me haré digno de tu perdón y mereceré la perseverancia en tu santo amor y servicio hasta el fin de mi vida. Amén.
   
ORACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN PARA TODOS LOS DÍAS
Al presentarme ante tu imagen sagrada, ¡oh Inmaculada y bondadosa Madre!, para honrarte en esta novena, bajo el nombre bendito de Virgen de Lourdes, cumplo con el deseo que manifestaste a todos tus hijos por medio de Bernardita, la hija predilecta de tu amor. Quisiste ver a las muchedumbres postradas a tus plantas y para atraerlas más eficazmente, nos hiciste entrever los esplendores del Cielo, mostrándote en toda la hermosura de tu eterna juventud. Como la paloma del Cantar de los Cantares, te asomaste a las aberturas de la piedra, a la Gruta de la montaña, y el mundo contempló admirado los reflejos de tu resplandeciente rostro y oyó los ecos de tu voz dulcísima. Confirmando con tu palabra venida del Cielo la palabra del Pontífice Supremo que acababa de proclamarte, a la faz de la tierra, Inmaculada en tu Concepción, llenaste su corazón de consuelo y al mundo Católico de júbilo. Las lágrimas y los gemidos de tus hijos, agobiados bajo el peso de sus miserias, llegaron hasta el trono de tu misericordia, y llevada de tu inmensa compasión, acudiste presurosa para sanar sus cuerpos y sus almas. Mandaste, y luego de la tierra dócil salió el agua benéfica y cristalina, cuya misteriosa virtud devuelve vista al ciego y palabra al mudo, vida a los miembros muertos, imagen sensible de la gracia que, pasando por tu Corazón, transforma y resucita a las almas.
   
A tus pies vengo, pues, ¡oh Madre amante!, para escuchar tu voz, exponer mis necesidades y solicitar tus maternales favores. Bernardita era pura cuando se acercaba a la Gruta donde tú la atraías: yo, que soy criatura tan culpable, ¿me atreveré a acercarme al trono de la pureza que rodean los ángeles del Cielo? Tu bondad para con los pecadores me alienta, ¡oh María! Dadme luz, ¡oh Reina de la Sabiduría!, cúbreme con el manto de tu maternal protección, para que en esta novena comprenda tus enseñanzas, me someta a tus consejos, los practique con amor, aleje de mi alma la ira de Dios y merezca en cambio su gracia y su amor. Amén.
   
DÍA NOVENO – 10 DE FEBRERO
MEDITACIÓN: LOURDES, TRONO DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN
El mundo había visto las maravillas acaecidas alrededor de la gruta; había sido testigo de los prodigios obrados por la visión; había contemplado los éxtasis de la pastorcilla; había visto brotar la fuente milagrosa; conocía los milagros producidos ya por sus saludables aguas, pero aunque en el corazón de los creyentes no cupiera duda alguna acerca del origen de tanta maravilla, nadie, ni aún la niña sabía a punto fijo quién era la Señora de la Visión.
  
El día 25 de marzo, Bernardita sintió un irresistible impulso hacia la gruta. Obedece dichosa y se traslada a Massabielle. Extraordinaria concurrencia la espera. La niña se pone en oración con su rosario en la mano y pronto un súbito estremecimiento y alteración de su rostro anuncian que la Virgen aparece. La niña se acuerda entonces que su cura le ha mandado preguntar su nombre a la Visión.
  
-“Señora, le dijo, ¿queréis tener la bondad de decirme quién sois?”
  
Tres veces la pobre niña le hizo esta pregunta, pues a las dos primeras la Visión le contestaba con inefable sonrisa. A la tercera, elevando sus manos juntas a la altura del pecho, y alzando sus ojos al cielo, y envolviendo a la niña en arrobadora sonrisa contestó: “Soy la Inmaculada Concepción”. Al oír el párroco el relato de la niña lo comprendió todo. Ni él ni el pueblo cristiano se habían engañado, la Visión era Ella, la Virgen, la Madre de Dios. Esta aparición corona la obra de María en la gruta. En ninguna parte del mundo, María se ha aparecido con ese nombre; la gruta de Lourdes será el santuario privilegiado de la Virgen sin mancilla, escogido por Dios mismo para honrar este privilegio de su madre: “Yo soy la Inmaculada Concepción” . 
   
En esta palabra tiene el cristiano toda su oración; ella encierra el secreto de todas sus esperanzas. Para honrar el privilegio de la Concepción Inmaculada, y por la virtud de la Inmaculada Concepción, brotan de las fuentes los milagros; y en la gracia de la Inmaculada Concepción hallan los pecadores las dulzuras de la misericordia, pues que la Concepción Inmaculada de María es el principio de esta Misericordia, siendo como lo es el principio de nuestra redención. Dichosos los templos encargados de custodiar este sagrado tesoro. ¡Dichosas las almas que hacen especial profesión de honrar con su devoción a la Santísima Virgen, bajo el nombre de Lourdes, en su Purísima Concepción! Dichosas más aún aquellas que para honrarla mejor privan a su cuerpo de todo placer carnal aún lícito, con el fin de imitar, en cuanto es dado a la pobre debilidad humana, la pureza Inmaculada de María. Estas almas, ángeles con cuerpo mortal, en la tierra recibirán las caricias maternales de María, y en el Cielo su pureza recibirá un aumento de gloria que sólo las almas puras tendrán la dicha de gozar.
   
Aquí se medita y se pide la gracia que se desea conseguir. En seguida se anuncian las intenciones generales, y se reza 5 Padrenuestros y Avemarías gloriados con las invocaciones.
  
NUESTRA SEÑORA DE LOURDES: Ruega por nosotros. (Cinco Padrenuestros, con sus respectivas Avemarías y Glorias)
   
SALUD DE LOS ENFERMOS: Ruega por nosotros. (Cinco Padrenuestros, con sus respectivas Avemarías y Glorias)
   
REFUGIO DE LOS PECADORES: Ruega por nosotros. (Cinco Padrenuestros, con sus respectivas Avemarías y Glorias)
   
Oración del día Noveno
¿Qué te diremos, ¡oh Virgen de Lourdes!, en recuerdo de ese día en que, mostrándote vestida de luz y de celestial esplendor, has revelado tu nombre y pronunciado estas palabras: Yo soy la Inmaculada Concepción”? ¿Qué decirte sino caer a tus pies y contemplar tu hermosura sin mancha, que ha encantado, desde la eternidad, al Corazón mismo del Dios Todopoderoso?
   
Viéndote, ¡oh María!, la más hermosa de las criaturas, la Trinidad Santa se ha conmovido en la profundidad inmutable de la eternidad, y de un polo al otro de los cielos infinitos ha resonado un grito de admiración, de respeto y de amor, una exclamación trina y una, la exclamación de Dios. Dios Padre ha dicho: “He ahí mi Hija”. Dios Espíritu Santo ha dicho: “He ahí mi Esposa”. Dios Hijo ha dicho: “He ahí mi Madre”.
   
También nosotros, ¡oh Inmaculada!, nosotros a quienes Jesús ha elegido por hermanos rescatándonos con el precio de su Sangre, nosotros que hemos sido encomendados a Ti al pie de la Cruz, también nos atrevemos a decirte con filial confianza: “Virgen María, tú eres nuestra Madre. ¡Ven pues a nuestro socorro! ¡Ven, Tú que has sido concebida sin pecado, que has vivido sin pecado y has muerto sin pecado! ¡Ven, Inocencia íntegra, a curar a la pobre raza humana cubierta enteramente de la lepra del mal. ¿Quién nos salvará, ¡oh María!, sino aquella que ha criado al Salvador? ¿Quién tendrá bastante compasión y ternura, sino nuestra Madre? ¿Quién tendrá bastante fuerza y poder sino la Hija de Dios, la Esposa de Dios, la Madre de Dios?”.
  
Nuestra Señora de Lourdes, rogad por nosotros.
   
PRÁCTICA: En todos los acontecimientos de este día, buenos o malos, acudir a María pidiéndole sobre toda la gracia de imitar en cuanto sea posible, su pureza inmaculada.
   
GOZOS EN HONOR A NUESTRA SEÑORA DE LOURDES
   
Virgen Santa Inmaculada,
De la Gruta misteriosa,
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
Allá en las verdes riberas
Donde sus aguas de plata
El manso Gave desata
Dando vida, inspiración.
A la sombra de sus bosques
La humilde Lourdes reposa.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
De verduras tapizadas
Se levantan sus montañas
De cuyas ricas entrañas,
Con admirable primor,
Se desprende una ancha Gruta
Que cubre silvestre roca.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
Hacia las faldas del monte
Subió un día Bernardita,
La aldeana de Dios bendita
Por sus gracias y candor,
A formar haces de leña
Que diera fuego a su choza.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
Súbitamente a la Gruta
De luz un rayo ilumina,
Y en una aureola divina
Más espléndida que el sol,
La reina del Cielo y tierra
Su planta en la roca posa.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
“No temas, hija querida,
Levanta a mí tu mirada,
Soy María Inmaculada,
Soy la Madre de tu Dios
Por teatro elijo este sitio
De mi mano portentosa”.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
Dijo la Virgen, y envuelta
Por los pliegues de una nube
Al Cielo de nuevo sube
Que a su paso se entreabrió:
La aldeana vuelve a la vida,
De placer su alma rebosa.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
Al pie de esta misma Gruta,
Diez y ocho veces la aldeana
De la Virgen soberana
La vista recibió,
Otras tantas desafiando
Al malvado victoriosa.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
Sellar quiso sus bondades
La Señora eternamente,
Con una límpida fuente
Que entre las rocas brotó,
Al contacto repentino
De la niña candorosa.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
En esas aguas del cielo
El hombre encuentra la vida,
Huye la muerte aterrada,
Calma el triste su dolor,
Y en los triunfos de María
La Iglesia Santa se goza.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
El lejano peregrino
Va a postrarse ante esa roca
Donde el mundo entero invoca
Tu Divina Concepción.
¡Bendita seas, María!
Que de Dios eres Madre, Hija y Esposa.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
Virgen Santa Inmaculada
De la Gruta Misteriosa,
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.


   
ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS
Acabo de recibir de tus labios divinos, ¡oh piadosa Madre!, las lecciones que das a la tierra por medio de tu gloriosa y misericordiosa aparición. Para probar tu misión divina a la tierra has multiplicado, como lo hizo tu hijo Jesús, los milagros a favor de los hombres, dando la vista a los ciegos, oído a los sordos; habla a los mudos y salud completa a los enfermos agobiados por toda clase de dolor.
     
En estos enfermos, ¡oh Madre piadosa!, reconozco las dolencias de mi alma que tú has venido a sanar. En su ceguedad, ¡oh María!, mi alma se ha extraviado del camino del bien. En su sordera, ha desentendido la voz de Dios que la llamaba atrayéndola con las caricias de su gracia. En su mudez, ha dejado de alabar a Dios por sus grandezas y beneficios y agobiada por sus múltiples enfermedades, ha dejado de practicar el bien y la virtud. ¡Oh María, refugio de los pecadores y salud de los enfermos!, sana mi alma de las enfermedades que la aquejan. Guíame sin cesar por el camino del bien, haz que mi alma oiga siempre la voz de Dios y no la desatienda jamás, y que cante siempre sus alabanzas; líbrala de todas las enfermedades que la agobian, para que libre del peso de la tentación y del pecado, siga tus huellas, imite tus virtudes y te acompañe en tu vuelo hacia la patria feliz. Así sea.
 
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

domingo, 9 de febrero de 2020

9 de Febrero: Octavo día de la Novena a Nuestra Señora de Lourdes



NOVENA A NUESTRA SEÑORA DE LOURDES
(DIA OCTAVO DEL 2 AL 10 DE FEBRERO)

La novena tiene el Imprimátur emitido por el Gobierno Eclesiástico de la Archidiócesis de Buenos Aires en 1926.
  
NOVENA A NUESTRA SEÑORA DE LOURDES

En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
ACTO DE CONTRICIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Señor mío Jesucristo, Redentor amoroso de las almas, que te dignaste enviar a la tierra a tu Madre Inmaculada para que fuese la mensajera de tu misericordia, anunciando a los hombres la penitencia, me postro humilde a tus pies, e imploro con profundo arrepentimiento el perdón de mis innumerables culpas. Para comprender el precio de la gracia y el amor que te inspira un alma sin mancha, me basta contemplar la incomparable hermosura de la cual te dignaste revestir a tu Madre purísima. Por lo mucho que el pecado ofende a tu bondad infinita y por lo mucho que deseo amarte, me pesa, pues, de corazón por haberte ofendido y manchado mi alma creada a tu imagen y semejanza. Derrama, Señor, sobre mí tu misericordia; yo, ayudado con tu gracia, haré la penitencia que, en tu nombre, me pide tu Santísima Madre; me haré digno de tu perdón y mereceré la perseverancia en tu santo amor y servicio hasta el fin de mi vida. Amén.
   
ORACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN PARA TODOS LOS DÍAS
Al presentarme ante tu imagen sagrada, ¡oh Inmaculada y bondadosa Madre!, para honrarte en esta novena, bajo el nombre bendito de Virgen de Lourdes, cumplo con el deseo que manifestaste a todos tus hijos por medio de Bernardita, la hija predilecta de tu amor. Quisiste ver a las muchedumbres postradas a tus plantas y para atraerlas más eficazmente, nos hiciste entrever los esplendores del Cielo, mostrándote en toda la hermosura de tu eterna juventud. Como la paloma del Cantar de los Cantares, te asomaste a las aberturas de la piedra, a la Gruta de la montaña, y el mundo contempló admirado los reflejos de tu resplandeciente rostro y oyó los ecos de tu voz dulcísima. Confirmando con tu palabra venida del Cielo la palabra del Pontífice Supremo que acababa de proclamarte, a la faz de la tierra, Inmaculada en tu Concepción, llenaste su corazón de consuelo y al mundo Católico de júbilo. Las lágrimas y los gemidos de tus hijos, agobiados bajo el peso de sus miserias, llegaron hasta el trono de tu misericordia, y llevada de tu inmensa compasión, acudiste presurosa para sanar sus cuerpos y sus almas. Mandaste, y luego de la tierra dócil salió el agua benéfica y cristalina, cuya misteriosa virtud devuelve vista al ciego y palabra al mudo, vida a los miembros muertos, imagen sensible de la gracia que, pasando por tu Corazón, transforma y resucita a las almas.
   
A tus pies vengo, pues, ¡oh Madre amante!, para escuchar tu voz, exponer mis necesidades y solicitar tus maternales favores. Bernardita era pura cuando se acercaba a la Gruta donde tú la atraías: yo, que soy criatura tan culpable, ¿me atreveré a acercarme al trono de la pureza que rodean los ángeles del Cielo? Tu bondad para con los pecadores me alienta, ¡oh María! Dadme luz, ¡oh Reina de la Sabiduría!, cúbreme con el manto de tu maternal protección, para que en esta novena comprenda tus enseñanzas, me someta a tus consejos, los practique con amor, aleje de mi alma la ira de Dios y merezca en cambio su gracia y su amor. Amén.
   
DÍA OCTAVO – 9 DE FEBRERO
MEDITACIÓN: LA FUENTE DE LA GRUTA, SEÑAL DE LA CONFESIÓN
Muchas veces la oración no basta para obtener de Dios la conversión de un pecador. A fuerza de crímenes su alma se halla demasiado empedernida para oír la voz de Dios, y demasiada engolfada para salir del cieno del pecado. A fuerza de crímenes también ha irritado demasiado a Dios, que le niega su gracia. Su justicia se opone a que Él se apiade del pecador, y la oración no consigue nada de la justicia de Dios. Así, lo declaró El mismo un día a Santa Brígida. Entonces es necesario acudir a su misericordia, y obligarla a que se apiade del que ruega por el pecador.
  
“El reino de Dios sufre violencia, ha dicho Jesús, y sólo los que se hacen violencia le conquistan”. Para conseguir, pues, para sí o para otros este reino de Dios, es necesario hacerse violencia imponiéndose algún sacrificio, sacrificio que podamos presentar delante de Dios, diciendo: “Señor, ya que no oyes mi oración, mira a lo menos lo que sufro por tu amor para que perdones a este pobre ingrato”.
   
Es necesario que este sacrificio sea tan humilde que Dios al mirarle tenga compasión del que le ofrece, le reciba, y en vista de él perdone al pecador y le mande la gracia de la conversión. Ahora bien, entre todas las mortificaciones que podamos ofrecer a Dios, tal vez no la haya más meritoria que la de besar la tierra, porque es una de las que más nos humillan venciendo nuestra vanidad. Besar este polvo que hollamos con tanto desprecio, besar este polvo que tanto horror nos causa, porque es la figura de la nada en la cual se ha de convertir nuestro cuerpo, es un acto de profunda humildad, y por eso nos los pide la Virgen cuando queremos conseguir un gran favor del corazón de Dios, cual es la conversión de un pecador.
   
Aquí se medita y se pide la gracia que se desea conseguir. En seguida se anuncian las intenciones generales, y se reza 5 Padrenuestros y Avemarías gloriados con las invocaciones.
  
NUESTRA SEÑORA DE LOURDES: Ruega por nosotros. (Cinco Padrenuestros, con sus respectivas Avemarías y Glorias)
   
SALUD DE LOS ENFERMOS: Ruega por nosotros. (Cinco Padrenuestros, con sus respectivas Avemarías y Glorias)
   
REFUGIO DE LOS PECADORES: Ruega por nosotros. (Cinco Padrenuestros, con sus respectivas Avemarías y Glorias)
   
Oración del día Octavo
Nuestra Señora de Lourdes, Vos que nada rehusáis a la fe de vuestros hijos, haced descender sobre nosotros la fe misma; no sólo la fe que consiste en creer las verdades que la Iglesia enseña, sino también la fe particular, esa fe viva y filial plena y ardiente que tanto agrada al corazón de Dios; esa fe poderosa y sin vacilaciones que recompensa en la tierra concediéndole todo lo que pide y haciendo por ella los mayores milagros. Dadnos la fe de esas almas rectas y sencillas que os han invocado en Lourdes y lejos de Lourdes, y que han obtenido de vuestra inmensa bondad esas extraordinarias curaciones que asombran al mundo. Ciertamente, ¡oh María!, nosotros creemos y con el socorro de la gracia sabríamos morir por nuestra fe, mas a pesar de todo, esta fe es tímida, vacilante y tiembla a cada paso en medio de las tinieblas. Hacedla valiente, firme y luminosa. ¡Oh María!, en Vos ponemos nuestra confianza.
  
Nuestra Señora de Lourdes, rogad por nosotros.
   
PRÁCTICA: Hacer la Comunión sacramental, y en caso de que no se pueda la comunión espiritual.
   
GOZOS EN HONOR A NUESTRA SEÑORA DE LOURDES
   
Virgen Santa Inmaculada,
De la Gruta misteriosa,
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
Allá en las verdes riberas
Donde sus aguas de plata
El manso Gave desata
Dando vida, inspiración.
A la sombra de sus bosques
La humilde Lourdes reposa.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
De verduras tapizadas
Se levantan sus montañas
De cuyas ricas entrañas,
Con admirable primor,
Se desprende una ancha Gruta
Que cubre silvestre roca.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
Hacia las faldas del monte
Subió un día Bernardita,
La aldeana de Dios bendita
Por sus gracias y candor,
A formar haces de leña
Que diera fuego a su choza.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
Súbitamente a la Gruta
De luz un rayo ilumina,
Y en una aureola divina
Más espléndida que el sol,
La reina del Cielo y tierra
Su planta en la roca posa.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
“No temas, hija querida,
Levanta a mí tu mirada,
Soy María Inmaculada,
Soy la Madre de tu Dios
Por teatro elijo este sitio
De mi mano portentosa”.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
Dijo la Virgen, y envuelta
Por los pliegues de una nube
Al Cielo de nuevo sube
Que a su paso se entreabrió:
La aldeana vuelve a la vida,
De placer su alma rebosa.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
Al pie de esta misma Gruta,
Diez y ocho veces la aldeana
De la Virgen soberana
La vista recibió,
Otras tantas desafiando
Al malvado victoriosa.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
Sellar quiso sus bondades
La Señora eternamente,
Con una límpida fuente
Que entre las rocas brotó,
Al contacto repentino
De la niña candorosa.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
En esas aguas del cielo
El hombre encuentra la vida,
Huye la muerte aterrada,
Calma el triste su dolor,
Y en los triunfos de María
La Iglesia Santa se goza.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
El lejano peregrino
Va a postrarse ante esa roca
Donde el mundo entero invoca
Tu Divina Concepción.
¡Bendita seas, María!
Que de Dios eres Madre, Hija y Esposa.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
Virgen Santa Inmaculada
De la Gruta Misteriosa,
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.


   
ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS
Acabo de recibir de tus labios divinos, ¡oh piadosa Madre!, las lecciones que das a la tierra por medio de tu gloriosa y misericordiosa aparición. Para probar tu misión divina a la tierra has multiplicado, como lo hizo tu hijo Jesús, los milagros a favor de los hombres, dando la vista a los ciegos, oído a los sordos; habla a los mudos y salud completa a los enfermos agobiados por toda clase de dolor.
     
En estos enfermos, ¡oh Madre piadosa!, reconozco las dolencias de mi alma que tú has venido a sanar. En su ceguedad, ¡oh María!, mi alma se ha extraviado del camino del bien. En su sordera, ha desentendido la voz de Dios que la llamaba atrayéndola con las caricias de su gracia. En su mudez, ha dejado de alabar a Dios por sus grandezas y beneficios y agobiada por sus múltiples enfermedades, ha dejado de practicar el bien y la virtud. ¡Oh María, refugio de los pecadores y salud de los enfermos!, sana mi alma de las enfermedades que la aquejan. Guíame sin cesar por el camino del bien, haz que mi alma oiga siempre la voz de Dios y no la desatienda jamás, y que cante siempre sus alabanzas; líbrala de todas las enfermedades que la agobian, para que libre del peso de la tentación y del pecado, siga tus huellas, imite tus virtudes y te acompañe en tu vuelo hacia la patria feliz. Así sea.
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

sábado, 8 de febrero de 2020

8 de Febrero: Séptimo día de la Novena a Nuestra Señora de Lourdes



NOVENA A NUESTRA SEÑORA DE LOURDES
(DÍA SÉPTIMO DEL 2 AL 10 DE FEBRERO)

La novena tiene el Imprimátur emitido por el Gobierno Eclesiástico de la Archidiócesis de Buenos Aires en 1926.
  
NOVENA A NUESTRA SEÑORA DE LOURDES

En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
ACTO DE CONTRICIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Señor mío Jesucristo, Redentor amoroso de las almas, que te dignaste enviar a la tierra a tu Madre Inmaculada para que fuese la mensajera de tu misericordia, anunciando a los hombres la penitencia, me postro humilde a tus pies, e imploro con profundo arrepentimiento el perdón de mis innumerables culpas. Para comprender el precio de la gracia y el amor que te inspira un alma sin mancha, me basta contemplar la incomparable hermosura de la cual te dignaste revestir a tu Madre purísima. Por lo mucho que el pecado ofende a tu bondad infinita y por lo mucho que deseo amarte, me pesa, pues, de corazón por haberte ofendido y manchado mi alma creada a tu imagen y semejanza. Derrama, Señor, sobre mí tu misericordia; yo, ayudado con tu gracia, haré la penitencia que, en tu nombre, me pide tu Santísima Madre; me haré digno de tu perdón y mereceré la perseverancia en tu santo amor y servicio hasta el fin de mi vida. Amén.
   
ORACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN PARA TODOS LOS DÍAS
Al presentarme ante tu imagen sagrada, ¡oh Inmaculada y bondadosa Madre!, para honrarte en esta novena, bajo el nombre bendito de Virgen de Lourdes, cumplo con el deseo que manifestaste a todos tus hijos por medio de Bernardita, la hija predilecta de tu amor. Quisiste ver a las muchedumbres postradas a tus plantas y para atraerlas más eficazmente, nos hiciste entrever los esplendores del Cielo, mostrándote en toda la hermosura de tu eterna juventud. Como la paloma del Cantar de los Cantares, te asomaste a las aberturas de la piedra, a la Gruta de la montaña, y el mundo contempló admirado los reflejos de tu resplandeciente rostro y oyó los ecos de tu voz dulcísima. Confirmando con tu palabra venida del Cielo la palabra del Pontífice Supremo que acababa de proclamarte, a la faz de la tierra, Inmaculada en tu Concepción, llenaste su corazón de consuelo y al mundo Católico de júbilo. Las lágrimas y los gemidos de tus hijos, agobiados bajo el peso de sus miserias, llegaron hasta el trono de tu misericordia, y llevada de tu inmensa compasión, acudiste presurosa para sanar sus cuerpos y sus almas. Mandaste, y luego de la tierra dócil salió el agua benéfica y cristalina, cuya misteriosa virtud devuelve vista al ciego y palabra al mudo, vida a los miembros muertos, imagen sensible de la gracia que, pasando por tu Corazón, transforma y resucita a las almas.
   
A tus pies vengo, pues, ¡oh Madre amante!, para escuchar tu voz, exponer mis necesidades y solicitar tus maternales favores. Bernardita era pura cuando se acercaba a la Gruta donde tú la atraías: yo, que soy criatura tan culpable, ¿me atreveré a acercarme al trono de la pureza que rodean los ángeles del Cielo? Tu bondad para con los pecadores me alienta, ¡oh María! Dadme luz, ¡oh Reina de la Sabiduría!, cúbreme con el manto de tu maternal protección, para que en esta novena comprenda tus enseñanzas, me someta a tus consejos, los practique con amor, aleje de mi alma la ira de Dios y merezca en cambio su gracia y su amor. Amén.
   
DÍA SEPTIMO – 8 DE FEBRERO
MEDITACIÓN: EXPIAR LOS PECADOS PROPIOS
En la precedente lección, la Santísima Virgen pedía a las almas fieles un gran acto de caridad para con sus hermanos los pecadores. 
  
El 24 de febrero, Bernardita se encontraba al pie de la gruta en presencia de una gran muchedumbre de personas acudidas allí con el fin de presenciar alguna maravilla. Mientras la niña contemplaba extasiada la misericordiosa Visión, los circunstantes oyeron distintamente estas palabras: “¡Penitencia!, ¡Penitencia!, ¡Penitencia!”.
  
Con esta lección la Virgen nos quiere dar a comprender que antes de ejercer la caridad para con nuestros hermanos, debemos ejercerla hacia nuestra alma, y que, para que Dios se apiade de los pecadores por medio de nuestros ruegos, debemos primero merecer que Dios se apiade de nosotros, aplacando su ira con la expiación de nuestros propios pecados. Repetimos a menudo “El pecador tiene irritado a Dios”, y no nos acordamos a añadir “Este pecador que ha ofendido a Dios soy yo”.
  
Ahora bien, la fe nos enseña que el pecado, una vez cometido, debe ser expiado para ser perdonado, y mientras no lo sea, el brazo de Dios vengador amenazará siempre nuestras cabezas, y en vano pediremos la conversión de los demás por medio de nuestras plegarias.
  
La Santísima Virgen nos enseña esta verdad en su actual lección: “¡Penitencia! ¡Penitencia! ¡Penitencia!”. Sí, hagamos penitencia, porque somos pecadores. Hagamos penitencia, porque tenemos muchas culpas que expiar. Hagamos penitencia porque hemos irritado a Dios con nuestros pecados. “Si no hacéis penitencia, ha dicho Jesús, todos pereceréis”. Mas ¿cómo lo haremos? Llorando sin cesar la desgracia que hemos tenido de ofender a Dios, privándonos voluntariamente de los placeres, aún lícitos, puesto que hemos dado a nuestro cuerpo los placeres culpables; y admitiendo todo cuanto nos puede sobrevenir de duro y penoso, como un medio de satisfacer a la justicia de Dios. Al oír Bernardita el mandato de la Virgen, empezó a andar sobre sus rodillas. Más tarde le preguntaron “¿por qué hacías eso?” Y ella contestó: “En penitencia por mí y los demás”.
   
Aquí se medita y se pide la gracia que se desea conseguir. En seguida se anuncian las intenciones generales, y se reza 5 Padrenuestros y Avemarías gloriados con las invocaciones.
  
NUESTRA SEÑORA DE LOURDES: Ruega por nosotros. (Cinco Padrenuestros, con sus respectivas Avemarías y Glorias)
   
SALUD DE LOS ENFERMOS: Ruega por nosotros. (Cinco Padrenuestros, con sus respectivas Avemarías y Glorias)
   
REFUGIO DE LOS PECADORES: Ruega por nosotros. (Cinco Padrenuestros, con sus respectivas Avemarías y Glorias)
   
Oración del día séptimo
También a nosotros, Nuestra Señora de Lourdes, habéis hablado en secreto, haciéndonos oír íntimas palabras que parecen nacer de nosotros mismos y que no son sino vuestra misteriosa voz, haciendo eco en el fondo de nuestros corazones.
  
Nos habéis dicho: “Ve al Sacerdote, a fin de que un templo se eleve en este lugar”. Ve al depositario de las gracias de Dios, al hombre que puede buscar en nombre del Altísimo, absolver todos los pecados, quitar todos los obstáculos y crear limpio campo al nuevo edificio. “Ve al Sacerdote, y en los Sacramentos que distribuye por sus manos recibiréis con la inteligencia y la fuerza cuanto es necesario para el trabajo que de ti espero. Y este trabajo es, hijo mío, elevar un templo invisible en tu alma, el templo augusto de la virtud para que mi Jesús lo haga su tabernáculo para que yo descienda con él allí y el Cielo entero tenga sus complacencias en esta mansión de la tierra”. De este modo nos habláis todavía, pero nuestro oído desatento se deja distraer por otras voces; y menos dóciles que la pastora de Lourdes, no tomamos por regla las palabras de vuestra boca.
   
Humildemente postrados a vuestros pies, ¡oh Virgen María!, lloramos nuestras ingratitudes y dureza de corazón. Perdonadnos, ¡oh Madre ofendida!, perdonadnos y sanadnos.
  
Nuestra Señora de Lourdes, rogad por nosotros.
   
PRÁCTICA: Hacer algún sacrificio que nos cueste como perdonar a los que nos ofenden en satisfacción de nuestros pecados.
   
GOZOS EN HONOR A NUESTRA SEÑORA DE LOURDES
   
Virgen Santa Inmaculada,
De la Gruta misteriosa,
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
Allá en las verdes riberas
Donde sus aguas de plata
El manso Gave desata
Dando vida, inspiración.
A la sombra de sus bosques
La humilde Lourdes reposa.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
De verduras tapizadas
Se levantan sus montañas
De cuyas ricas entrañas,
Con admirable primor,
Se desprende una ancha Gruta
Que cubre silvestre roca.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
Hacia las faldas del monte
Subió un día Bernardita,
La aldeana de Dios bendita
Por sus gracias y candor,
A formar haces de leña
Que diera fuego a su choza.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
Súbitamente a la Gruta
De luz un rayo ilumina,
Y en una aureola divina
Más espléndida que el sol,
La reina del Cielo y tierra
Su planta en la roca posa.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
“No temas, hija querida,
Levanta a mí tu mirada,
Soy María Inmaculada,
Soy la Madre de tu Dios
Por teatro elijo este sitio
De mi mano portentosa”.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
Dijo la Virgen, y envuelta
Por los pliegues de una nube
Al Cielo de nuevo sube
Que a su paso se entreabrió:
La aldeana vuelve a la vida,
De placer su alma rebosa.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
Al pie de esta misma Gruta,
Diez y ocho veces la aldeana
De la Virgen soberana
La vista recibió,
Otras tantas desafiando
Al malvado victoriosa.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
Sellar quiso sus bondades
La Señora eternamente,
Con una límpida fuente
Que entre las rocas brotó,
Al contacto repentino
De la niña candorosa.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
En esas aguas del cielo
El hombre encuentra la vida,
Huye la muerte aterrada,
Calma el triste su dolor,
Y en los triunfos de María
La Iglesia Santa se goza.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
El lejano peregrino
Va a postrarse ante esa roca
Donde el mundo entero invoca
Tu Divina Concepción.
¡Bendita seas, María!
Que de Dios eres Madre, Hija y Esposa.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
Virgen Santa Inmaculada
De la Gruta Misteriosa,
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   

ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS
Acabo de recibir de tus labios divinos, ¡oh piadosa Madre!, las lecciones que das a la tierra por medio de tu gloriosa y misericordiosa aparición. Para probar tu misión divina a la tierra has multiplicado, como lo hizo tu hijo Jesús, los milagros a favor de los hombres, dando la vista a los ciegos, oído a los sordos; habla a los mudos y salud completa a los enfermos agobiados por toda clase de dolor.
     
En estos enfermos, ¡oh Madre piadosa!, reconozco las dolencias de mi alma que tú has venido a sanar. En su ceguedad, ¡oh María!, mi alma se ha extraviado del camino del bien. En su sordera, ha desentendido la voz de Dios que la llamaba atrayéndola con las caricias de su gracia. En su mudez, ha dejado de alabar a Dios por sus grandezas y beneficios y agobiada por sus múltiples enfermedades, ha dejado de practicar el bien y la virtud. ¡Oh María, refugio de los pecadores y salud de los enfermos!, sana mi alma de las enfermedades que la aquejan. Guíame sin cesar por el camino del bien, haz que mi alma oiga siempre la voz de Dios y no la desatienda jamás, y que cante siempre sus alabanzas; líbrala de todas las enfermedades que la agobian, para que libre del peso de la tentación y del pecado, siga tus huellas, imite tus virtudes y te acompañe en tu vuelo hacia la patria feliz. Así sea.
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

viernes, 7 de febrero de 2020

7 de Febrero: Sexto día de la Novena a Nuestra Señora de Lourdes



NOVENA A NUESTRA SEÑORA DE LOURDES
(DIA SEXTO DEL 2 AL 10 DE FEBRERO)

La novena tiene el Imprimátur emitido por el Gobierno Eclesiástico de la Archidiócesis de Buenos Aires en 1926.
  
NOVENA A NUESTRA SEÑORA DE LOURDES

En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
ACTO DE CONTRICIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Señor mío Jesucristo, Redentor amoroso de las almas, que te dignaste enviar a la tierra a tu Madre Inmaculada para que fuese la mensajera de tu misericordia, anunciando a los hombres la penitencia, me postro humilde a tus pies, e imploro con profundo arrepentimiento el perdón de mis innumerables culpas. Para comprender el precio de la gracia y el amor que te inspira un alma sin mancha, me basta contemplar la incomparable hermosura de la cual te dignaste revestir a tu Madre purísima. Por lo mucho que el pecado ofende a tu bondad infinita y por lo mucho que deseo amarte, me pesa, pues, de corazón por haberte ofendido y manchado mi alma creada a tu imagen y semejanza. Derrama, Señor, sobre mí tu misericordia; yo, ayudado con tu gracia, haré la penitencia que, en tu nombre, me pide tu Santísima Madre; me haré digno de tu perdón y mereceré la perseverancia en tu santo amor y servicio hasta el fin de mi vida. Amén.
   
ORACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN PARA TODOS LOS DÍAS
Al presentarme ante tu imagen sagrada, ¡oh Inmaculada y bondadosa Madre!, para honrarte en esta novena, bajo el nombre bendito de Virgen de Lourdes, cumplo con el deseo que manifestaste a todos tus hijos por medio de Bernardita, la hija predilecta de tu amor. Quisiste ver a las muchedumbres postradas a tus plantas y para atraerlas más eficazmente, nos hiciste entrever los esplendores del Cielo, mostrándote en toda la hermosura de tu eterna juventud. Como la paloma del Cantar de los Cantares, te asomaste a las aberturas de la piedra, a la Gruta de la montaña, y el mundo contempló admirado los reflejos de tu resplandeciente rostro y oyó los ecos de tu voz dulcísima. Confirmando con tu palabra venida del Cielo la palabra del Pontífice Supremo que acababa de proclamarte, a la faz de la tierra, Inmaculada en tu Concepción, llenaste su corazón de consuelo y al mundo Católico de júbilo. Las lágrimas y los gemidos de tus hijos, agobiados bajo el peso de sus miserias, llegaron hasta el trono de tu misericordia, y llevada de tu inmensa compasión, acudiste presurosa para sanar sus cuerpos y sus almas. Mandaste, y luego de la tierra dócil salió el agua benéfica y cristalina, cuya misteriosa virtud devuelve vista al ciego y palabra al mudo, vida a los miembros muertos, imagen sensible de la gracia que, pasando por tu Corazón, transforma y resucita a las almas.
   
A tus pies vengo, pues, ¡oh Madre amante!, para escuchar tu voz, exponer mis necesidades y solicitar tus maternales favores. Bernardita era pura cuando se acercaba a la Gruta donde tú la atraías: yo, que soy criatura tan culpable, ¿me atreveré a acercarme al trono de la pureza que rodean los ángeles del Cielo? Tu bondad para con los pecadores me alienta, ¡oh María! Dadme luz, ¡oh Reina de la Sabiduría!, cúbreme con el manto de tu maternal protección, para que en esta novena comprenda tus enseñanzas, me someta a tus consejos, los practique con amor, aleje de mi alma la ira de Dios y merezca en cambio su gracia y su amor. Amén.
   
DÍA SEXTO – 7 DE FEBRERO 
    
MEDITACIÓN: OFRECER SACRIFICIOS PARA ALCANZAR LA CONVERSIÓN
Muchas veces la oración no basta para obtener de Dios la conversión de un pecador. A fuerza de crímenes su alma se halla demasiado empedernida para oír la voz de Dios, y demasiada engolfada para salir del cieno del pecado. A fuerza de crímenes también ha irritado demasiado a Dios, que le niega su gracia. Su justicia se opone a que Él se apiade del pecador, y la oración no consigue nada de la justicia de Dios. Así, lo declaró El mismo un día a Santa Brígida. Entonces es necesario acudir a su misericordia, y obligarla a que se apiade del que ruega por el pecador.

“El reino de Dios sufre violencia, ha dicho Jesús, y sólo los que se hacen violencia le conquistan”. Para conseguir, pues, para sí o para otros este reino de Dios, es necesario hacerse violencia imponiéndose algún sacrificio, sacrificio que podamos presentar delante de Dios, diciendo: “Señor, ya que no oyes mi oración, mira a lo menos lo que sufro por tu amor para que perdones a este pobre ingrato”.
 
Es necesario que este sacrificio sea tan humilde que Dios al mirarle tenga compasión del que le ofrece, le reciba, y en vista de él perdone al pecador y le mande la gracia de la conversión. Ahora bien, entre todas las mortificaciones que podamos ofrecer a Dios, tal vez no la haya más meritoria que la de besar la tierra, porque es una de las que más nos humillan venciendo nuestra vanidad. Besar este polvo que hollamos con tanto desprecio, besar este polvo que tanto horror nos causa, porque es la figura de la nada en la cual se ha de convertir nuestro cuerpo, es un acto de profunda humildad, y por eso nos los pide la Virgen cuando queremos conseguir un gran favor del corazón de Dios, cual es la conversión de un pecador.
 
Aquí se medita y se pide la gracia que se desea conseguir. En seguida se anuncian las intenciones generales, y se reza 5 Padrenuestros y Avemarías gloriados con las invocaciones.

NUESTRA SEÑORA DE LOURDES: Ruega por nosotros. (Cinco Padrenuestros, con sus respectivas Avemarías y Glorias)

SALUD DE LOS ENFERMOS: Ruega por nosotros. (Cinco Padrenuestros, con sus respectivas Avemarías y Glorias)

REFUGIO DE LOS PECADORES: Ruega por nosotros. (Cinco Padrenuestros, con sus respectivas Avemarías y Glorias).
   
Oración del día sexto
Nuestra Señora de Lourdes, enseñadnos también a nosotros a no ir a beber a los ríos de la tierra, al Gave que pasa espumoso y revuelto; a las pasiones efímeras y desordenadas; a la vida aparente de los sentidos que no es más que una muerte; a los goces de la materia que matan al espíritu; a esas aguas que producen la sed en vez de apagarla; a esas desabridas aguas que dan la ilusión de un instante y dejan al hombre todos sus males, todos sus dolores, todas sus miserias. Que dejemos las tumultuosas y agitadas ondas, y abandonemos la corriente de esos ríos, de esos torrentes que se precipitan en el abismo. Conducidnos a la Fuente que calma y alienta, que cura y resucita. Conducidnos al manantial de la verdad y de la verdadera vida, a ese manantial que brota de la Roca inmutable sobre la cual la Iglesia ha echado sus fundamentos eternos.

Aún más, ¡oh María!, a través de nuestra corrompida naturaleza, haced brotar del fondo de nuestras almas un fluente de gracias que venzan nuestras resistencias, purifique nuestras manchas y cure nuestros inveterados males.

Que a un signo de vuestra mano, nazca y se ensanche en nosotros mismos esa fuente de agua de vida que conduce a la vida perdurable.

¡Oh Virgen de indecible ternura y sin igual pureza!, ablandad este corazón de mármol y que derrame lágrimas de arrepentimiento.
  
Nuestra Señora de Lourdes, rogad por nosotros.
   
PRÁCTICA: Privarse de un bocado que guste para conseguir la conversión de un pecador.
   
GOZOS EN HONOR A NUESTRA SEÑORA DE LOURDES
   
Virgen Santa Inmaculada,
De la Gruta misteriosa,
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
Allá en las verdes riberas
Donde sus aguas de plata
El manso Gave desata
Dando vida, inspiración.
A la sombra de sus bosques
La humilde Lourdes reposa.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
De verduras tapizadas
Se levantan sus montañas
De cuyas ricas entrañas,
Con admirable primor,
Se desprende una ancha Gruta
Que cubre silvestre roca.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
Hacia las faldas del monte
Subió un día Bernardita,
La aldeana de Dios bendita
Por sus gracias y candor,
A formar haces de leña
Que diera fuego a su choza.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
Súbitamente a la Gruta
De luz un rayo ilumina,
Y en una aureola divina
Más espléndida que el sol,
La reina del Cielo y tierra
Su planta en la roca posa.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
“No temas, hija querida,
Levanta a mí tu mirada,
Soy María Inmaculada,
Soy la Madre de tu Dios
Por teatro elijo este sitio
De mi mano portentosa”.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
Dijo la Virgen, y envuelta
Por los pliegues de una nube
Al Cielo de nuevo sube
Que a su paso se entreabrió:
La aldeana vuelve a la vida,
De placer su alma rebosa.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
Al pie de esta misma Gruta,
Diez y ocho veces la aldeana
De la Virgen soberana
La vista recibió,
Otras tantas desafiando
Al malvado victoriosa.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
Sellar quiso sus bondades
La Señora eternamente,
Con una límpida fuente
Que entre las rocas brotó,
Al contacto repentino
De la niña candorosa.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
En esas aguas del cielo
El hombre encuentra la vida,
Huye la muerte aterrada,
Calma el triste su dolor,
Y en los triunfos de María
La Iglesia Santa se goza.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
El lejano peregrino
Va a postrarse ante esa roca
Donde el mundo entero invoca
Tu Divina Concepción.
¡Bendita seas, María!
Que de Dios eres Madre, Hija y Esposa.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
Virgen Santa Inmaculada
De la Gruta Misteriosa,
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   


ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS
Acabo de recibir de tus labios divinos, ¡oh piadosa Madre!, las lecciones que das a la tierra por medio de tu gloriosa y misericordiosa aparición. Para probar tu misión divina a la tierra has multiplicado, como lo hizo tu hijo Jesús, los milagros a favor de los hombres, dando la vista a los ciegos, oído a los sordos; habla a los mudos y salud completa a los enfermos agobiados por toda clase de dolor.
     
En estos enfermos, ¡oh Madre piadosa!, reconozco las dolencias de mi alma que tú has venido a sanar. En su ceguedad, ¡oh María!, mi alma se ha extraviado del camino del bien. En su sordera, ha desentendido la voz de Dios que la llamaba atrayéndola con las caricias de su gracia. En su mudez, ha dejado de alabar a Dios por sus grandezas y beneficios y agobiada por sus múltiples enfermedades, ha dejado de practicar el bien y la virtud. ¡Oh María, refugio de los pecadores y salud de los enfermos!, sana mi alma de las enfermedades que la aquejan. Guíame sin cesar por el camino del bien, haz que mi alma oiga siempre la voz de Dios y no la desatienda jamás, y que cante siempre sus alabanzas; líbrala de todas las enfermedades que la agobian, para que libre del peso de la tentación y del pecado, siga tus huellas, imite tus virtudes y te acompañe en tu vuelo hacia la patria feliz. Así sea.
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

jueves, 6 de febrero de 2020

6 de Febrero: Quinto día de la Novena a Nuestra Señora de Lourdes



NOVENA A NUESTRA SEÑORA DE LOURDES
(DIA QUINTO DEL 2 AL 10 DE FEBRERO)

La novena tiene el Imprimátur emitido por el Gobierno Eclesiástico de la Archidiócesis de Buenos Aires en 1926.
  
NOVENA A NUESTRA SEÑORA DE LOURDES

En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
ACTO DE CONTRICIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Señor mío Jesucristo, Redentor amoroso de las almas, que te dignaste enviar a la tierra a tu Madre Inmaculada para que fuese la mensajera de tu misericordia, anunciando a los hombres la penitencia, me postro humilde a tus pies, e imploro con profundo arrepentimiento el perdón de mis innumerables culpas. Para comprender el precio de la gracia y el amor que te inspira un alma sin mancha, me basta contemplar la incomparable hermosura de la cual te dignaste revestir a tu Madre purísima. Por lo mucho que el pecado ofende a tu bondad infinita y por lo mucho que deseo amarte, me pesa, pues, de corazón por haberte ofendido y manchado mi alma creada a tu imagen y semejanza. Derrama, Señor, sobre mí tu misericordia; yo, ayudado con tu gracia, haré la penitencia que, en tu nombre, me pide tu Santísima Madre; me haré digno de tu perdón y mereceré la perseverancia en tu santo amor y servicio hasta el fin de mi vida. Amén.
   
ORACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN PARA TODOS LOS DÍAS
Al presentarme ante tu imagen sagrada, ¡oh Inmaculada y bondadosa Madre!, para honrarte en esta novena, bajo el nombre bendito de Virgen de Lourdes, cumplo con el deseo que manifestaste a todos tus hijos por medio de Bernardita, la hija predilecta de tu amor. Quisiste ver a las muchedumbres postradas a tus plantas y para atraerlas más eficazmente, nos hiciste entrever los esplendores del Cielo, mostrándote en toda la hermosura de tu eterna juventud. Como la paloma del Cantar de los Cantares, te asomaste a las aberturas de la piedra, a la Gruta de la montaña, y el mundo contempló admirado los reflejos de tu resplandeciente rostro y oyó los ecos de tu voz dulcísima. Confirmando con tu palabra venida del Cielo la palabra del Pontífice Supremo que acababa de proclamarte, a la faz de la tierra, Inmaculada en tu Concepción, llenaste su corazón de consuelo y al mundo Católico de júbilo. Las lágrimas y los gemidos de tus hijos, agobiados bajo el peso de sus miserias, llegaron hasta el trono de tu misericordia, y llevada de tu inmensa compasión, acudiste presurosa para sanar sus cuerpos y sus almas. Mandaste, y luego de la tierra dócil salió el agua benéfica y cristalina, cuya misteriosa virtud devuelve vista al ciego y palabra al mudo, vida a los miembros muertos, imagen sensible de la gracia que, pasando por tu Corazón, transforma y resucita a las almas.
   
A tus pies vengo, pues, ¡oh Madre amante!, para escuchar tu voz, exponer mis necesidades y solicitar tus maternales favores. Bernardita era pura cuando se acercaba a la Gruta donde tú la atraías: yo, que soy criatura tan culpable, ¿me atreveré a acercarme al trono de la pureza que rodean los ángeles del Cielo? Tu bondad para con los pecadores me alienta, ¡oh María! Dadme luz, ¡oh Reina de la Sabiduría!, cúbreme con el manto de tu maternal protección, para que en esta novena comprenda tus enseñanzas, me someta a tus consejos, los practique con amor, aleje de mi alma la ira de Dios y merezca en cambio su gracia y su amor. Amén.
   
DÍA QUINTO – 6 DE FEBRERO
MEDITACIÓN: ROGAR POR LA CONVERSIÓN DE LOS PECADORES
Bernardita sigue cumpliendo la promesa hecha a la visión de ir durante quince días a la gruta. El 21 de febrero, al terminar la niña su Rosario, la Virgen se le apareció, con el mismo traje, el mismo rosario y rodeada de la misma gloria. De repente el rostro de la Señora se puso triste.
  
-“¿Qué tenéis, Señora? ¿Qué debo hacer?”, preguntó la niña.
  
-“Rogad por los pecadores”, contestó la Madre de la Misericordia. Y los circunstantes vieron dos gruesas lágrimas surcar las mejillas de Bernardita.
  
¡Rogar! ¡Rogar por los pecadores! He aquí el gran empeño del corazón de la Santísima Virgen, porque es también el grande, el único deseo de Dios: “No quiero, ha dicho Dios, no quiero la muerte del pecador, sino que se convierta y viva”. Mas ¡ay!, contra esta conversión hay muchos impedimentos. El pecador está voluntariamente encadenado a su pecado. La justicia de Dios irritada quiere castigar al culpable. El hombre no puede convertirse de por sí, sin una gracia especialísima de Dios, y esta gracia no se la puede dar porque él no la merece. ¿Qué hacer para aplacar la ira de Dios; hacer que el pecador aborrezca su pecado y se haga digno de la gracia de la conversión? La Virgen nos lo indica. Rogar por los pecadores.
  
“La oración asidua del justo, dicen los libros santos, penetra los cielos”. ¡Cuántas veces Dios, irritado contra la maldad de un pecador, se deja mover por la oración de un alma justa, y le manda la gracia de la conversión, junto con el perdón! Y, ¡qué acto de caridad tan sublime aquel que consiste en librar de la muerte eterna al alma de su hermano! Pues que Dios en vista de nuestros ruegos se apiade de los pecadores, porque nada desea más que verlos convertidos, démosle este consuelo. Suban hasta Él nuestras caritativas plegarias y merezcan a estos desgraciados misericordia y perdón.
   
Aquí se medita y se pide la gracia que se desea conseguir. En seguida se anuncian las intenciones generales, y se reza 5 Padrenuestros y Avemarías gloriados con las invocaciones.
  
NUESTRA SEÑORA DE LOURDES: Ruega por nosotros. (Cinco Padrenuestros, con sus respectivas Avemarías y Glorias)
   
SALUD DE LOS ENFERMOS: Ruega por nosotros. (Cinco Padrenuestros, con sus respectivas Avemarías y Glorias)
   
REFUGIO DE LOS PECADORES: Ruega por nosotros. (Cinco Padrenuestros, con sus respectivas Avemarías y Glorias)
   
Oración del día quinto
Nuestra Señora de Lourdes, antes de decir vuestro nombre y de comenzar en el desierto lugar donde os aparecisteis la maravillosa serie de milagros que deben extenderse por todo el universo, habéis querido recordar a la tierra la gran Palabra que el Precursor de vuestro Hijo predicaba en las riberas del Jordán: “¡Penitencia! ¡Penitencia! ¡Penitencia!”. Habéis querido hacer comprender a nuestro empedernido sensualismo, que el arrepentimiento, la reparación y la expiación de las faltas cometidas son las más urgentes necesidades de nuestro culpable siglo, y la más saludable preparación para las gracias y beneficios del Cielo.
  
A quien fuera de la estación os pida la flor perfumada del rosal, vos le responderéis, ¡oh María!, recordándole la necesidad de las espinas.
   
Obtenednos, omnipotente Madre de Dios, el espíritu de penitencia, el espíritu que consiste en morir a sí mismo para resucitar en la vida nueva, en la misma vida de Nuestro Señor Jesucristo. Y haciendo esto, ¡oh Nuestra Señora de Lourdes!, Vos nos daréis en el invierno de este mundo la flor anticipada de la eterna primavera.
  
Nuestra Señora de Lourdes, rogad por nosotros.
   
PRÁCTICA: Ofrecer alguna mortificación por la conversión de los pecadores y en especial, besar la tierra con este fin, puesto que la Virgen nos lo pide.
   
GOZOS EN HONOR A NUESTRA SEÑORA DE LOURDES
   
Virgen Santa Inmaculada,
De la Gruta misteriosa,
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
Allá en las verdes riberas
Donde sus aguas de plata
El manso Gave desata
Dando vida, inspiración.
A la sombra de sus bosques
La humilde Lourdes reposa.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
De verduras tapizadas
Se levantan sus montañas
De cuyas ricas entrañas,
Con admirable primor,
Se desprende una ancha Gruta
Que cubre silvestre roca.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
Hacia las faldas del monte
Subió un día Bernardita,
La aldeana de Dios bendita
Por sus gracias y candor,
A formar haces de leña
Que diera fuego a su choza.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
Súbitamente a la Gruta
De luz un rayo ilumina,
Y en una aureola divina
Más espléndida que el sol,
La reina del Cielo y tierra
Su planta en la roca posa.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
“No temas, hija querida,
Levanta a mí tu mirada,
Soy María Inmaculada,
Soy la Madre de tu Dios
Por teatro elijo este sitio
De mi mano portentosa”.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
Dijo la Virgen, y envuelta
Por los pliegues de una nube
Al Cielo de nuevo sube
Que a su paso se entreabrió:
La aldeana vuelve a la vida,
De placer su alma rebosa.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
Al pie de esta misma Gruta,
Diez y ocho veces la aldeana
De la Virgen soberana
La vista recibió,
Otras tantas desafiando
Al malvado victoriosa.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
Sellar quiso sus bondades
La Señora eternamente,
Con una límpida fuente
Que entre las rocas brotó,
Al contacto repentino
De la niña candorosa.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
En esas aguas del cielo
El hombre encuentra la vida,
Huye la muerte aterrada,
Calma el triste su dolor,
Y en los triunfos de María
La Iglesia Santa se goza.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
El lejano peregrino
Va a postrarse ante esa roca
Donde el mundo entero invoca
Tu Divina Concepción.
¡Bendita seas, María!
Que de Dios eres Madre, Hija y Esposa.
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   
Virgen Santa Inmaculada
De la Gruta Misteriosa,
Acoge, Madre piadosa
De tus hijos la oración.
   


ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS
Acabo de recibir de tus labios divinos, ¡oh piadosa Madre!, las lecciones que das a la tierra por medio de tu gloriosa y misericordiosa aparición. Para probar tu misión divina a la tierra has multiplicado, como lo hizo tu hijo Jesús, los milagros a favor de los hombres, dando la vista a los ciegos, oído a los sordos; habla a los mudos y salud completa a los enfermos agobiados por toda clase de dolor.
     
En estos enfermos, ¡oh Madre piadosa!, reconozco las dolencias de mi alma que tú has venido a sanar. En su ceguedad, ¡oh María!, mi alma se ha extraviado del camino del bien. En su sordera, ha desentendido la voz de Dios que la llamaba atrayéndola con las caricias de su gracia. En su mudez, ha dejado de alabar a Dios por sus grandezas y beneficios y agobiada por sus múltiples enfermedades, ha dejado de practicar el bien y la virtud. ¡Oh María, refugio de los pecadores y salud de los enfermos!, sana mi alma de las enfermedades que la aquejan. Guíame sin cesar por el camino del bien, haz que mi alma oiga siempre la voz de Dios y no la desatienda jamás, y que cante siempre sus alabanzas; líbrala de todas las enfermedades que la agobian, para que libre del peso de la tentación y del pecado, siga tus huellas, imite tus virtudes y te acompañe en tu vuelo hacia la patria feliz. Así sea.
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

Sede Vacante desde 1958

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